Esta primavera de temperaturas irregulares, nos está dando una tregua de tolerancia y bienestar para poder salir a comer al mediodía sin morir en el intento. El pasado sábado reservamos para almorzar en Bocinegro, un luminoso restaurante, de pequeñas dimensiones, situado en los bajos del hotel Socaire, en pleno centro de la localidad gaditana de Conil. Tiene una pequeña terraza para el tapeo informal, aunque siempre preferimos comer dentro. Mientras tanto, ves pasear a la gente por la estrecha calle, mirar tiendas e incluso hacer compras de moda veraniega, que es lo suyo.

Al frente de la cocina de Bocinegro está la eficaz Rocío Fernández Moreno, que domina el arte de los guisos marineros, los que yo admiro desde siempre. Y otra mujer, Desirée Gallego, es la jefa de sala desde hace cuatro años. El lugar es agradable, la cocina es fresca, marinera, muy bien presentada y sabrosa, propia del lugar, su olor y su luz.

Ensaladilla de gambas con atún, huevas de tobiko, algas y regañá crujiente, es uno de los platos fijos en carta. Me encantó de nuevo la tosta de sardina ahumada, con pesto de tomate seco y miel. El guiso marinero de pescado de roca es siempre el plato fuerte, que Rocío suele variar y tunear según mercado. Pedimos a última hora media ración de pavías de bacalao, que resultaron muy bien fritas y compuestas, y es que siempre tengo que probarlas cuando las veo en carta.

El postre, un semifrío de mango, riquísimo.

Bocinegro tiene una buena relación calidad-precio, para una cocina moderna, cuidada y variada y para todo tipo de público.