Huevos de choco de la Huerta de San José, Sopa rellena (caldo al revés), Almejas Con babetas, Boquerones del tirititrán, Caldo en deconstrucción con migas y setas, arepa Crujiente de frijones con cocochas y patacón… eran algunas de las propuestas incluidas en la que fue “Senda de las Maritatas. Sabores de las Cortes», una ruta gastronómica organizada por la extinta Oficina del Bicentenario, para conmemorar los 200 años de la Constitución de Cádiz, desde la visión de la cocina. Creo que solo duró tres ediciones, entre los años 2009 y 2011. Fue algo especial mientras existió, porque además los mejores cocineros dieron lo mejor de sí mismos.

Conservo algún tarjetón (con su correspondiente receta doceañista) y alguna cartilla para participar en esta ruta, de la que lo primero que había que hacer era definir la gaditana palabra “maritata”, como “pequeño bocado” o “pequeñas cantidades”. Una palabra que usaban a menudo mi abuela y mi madre para referirse también a baratijas, y prendas de poco valor, hoy ya sin uso en el lenguaje gaditano.

Pero el gran éxito de esta Ruta fue haberse organizado en toda la bahía, no solo en Cádiz, sino también en Chiclana, Puerto Real y San Fernando, con 60 establecimientos inscritos.

La Pepa (arrocería que aún nos queda), Sopranis (hoy desaparecido), El Sur (establecimiento puntero entonces), Arsenio Manila (afortunadamente más vivo y mejor que nunca), Lumen (un ejemplo de alta cocina que no sobrevivió) o La Favorita (que fue muestra de la hostelería alternativa), etc., por no citar a los participantes del resto de las poblaciones de la bahía.

Una ruta única, creada para recuperar los sabores de la cocina del Doce, con platos perdidos u olvidados, fruto de una investigación de campo, con el gastrónomo Manuel Ruiz Torres. Un ejemplo de oferta gastronómica, histórica y cultural para un Cádiz que quería mirarse en su Constitución, cuando fue una isla independiente que no cayó en manos del invasor francés.

Recuerdo aquel evento por su originalidad, la calidad de sus elaboraciones y por el entusiasmo de hosteleros y clientes. Hoy se echa de menos esa entrega y esfuerzo en la mayoría de los establecimientos populares, cuando la cultura de la tapa, en este caso de la maritata gaditana, como idea original, podría ser una fuente de atracción para visitantes.