La visita del miércoles pasado a la localidad sevillana de Lebrija nos dejó un recuerdo muy positivo: su aspecto general, su comercio y sus edificios públicos. Esta localidad de 28.000 habitantes se prepara para celebrar el próximo año el V Centenario de la muerte de uno de sus hijos más ilustres, Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana. Suerte que tuvimos de contar con dos excelentes cicerones como Lola y Luis.

No era nuestra primera visita al lugar. Desde 2014 hemos sido jurado en sus bien organizadas rutas de tapas. Y un poco antes de la pandemia disfrutamos del evento Siente Lebrija, que nos mostró sus restos arqueológicos, su patrimonio cultural, su gastronomía, sus tesoros vinícolas (Bodegas Gonzalez Palacios y Bodegas Halcón), y su implicación en la arqueogastronomía, a través de personajes tan significativos como Domi Vélez o Manuel León. La responsable de aquel éxito fue la organizadora de eventos Eva Cepero.

Tras el tapeo-almuerzo en La Taberna del Truji, un té árabe y sus pastelitos nos entonó el cuerpo en el patio de La Tetería, para dirigirnos a la parroquia de La Oliva, una joya del siglo XIII con su Giraldilla, arte mudéjar-barroco, con un claustro en perfecto estado de revista y una sacristía pequeña pero densa en obras de arte.

Tenía gran curiosidad por entrar en el Convento de las Concepcionistas (1522), clausura activa y cuidada, que cuenta con hospedería y obrador de elaboración y venta de excelentes dulces, un centro religioso abierto e integrado en la vida de Lebrija, con capilla de valioso retablo que nos mostraron fuera de horario.

Otro lugar relevante fue la Casa de la Cultura, antigua Cilla Eclesiástica, un edificio muy bien conservado, impoluto, que acoge un pequeño museo de la época tartésica de Lebrija con sus famosos candelabros (hallados en 1923), así como una escuela de música llena de vida, con alumnos y artistas de todas las edades.

Acabó nuestra visita –en jornada de tarde- visitando la Bodega El Sótano, uno de los negocios tradicionales de venta a granel y embotellado de diferentes vinos y degustación, en pleno centro de Lebrija. Tal como dice su nombre, se encuentra ubicado bajo rasante de un edificio. Compramos un moscatel, una manzanilla y un oloroso coupage propio que comercializan para la cocina. Tienen su vermut y un vinagre que fue premiado. Un lugar con encanto.

Y hablando de vinos, citar el descubrimiento en el almuerzo de un tinto ecológico de Bodegas Peter Maurer&Sons, de nombre DeRAIZ (merlot, petit verdot y pinot-noir) que me encantó por aroma, suavidad y cuerpo. Lo tienen en la Taberna del Truji.

Una visita en la que solo habíamos previsto el lugar del almuerzo, pero que gracias a nuestros entregados guías, nos mostró una localidad organizada, ilusionada, optimista y con un sector agrícola en alza gracias a diferentes proyectos para la exportación.

Una buena tarjeta de presentación para encarar un acontecimiento cultural que sin duda atraerá a muchos visitantes. 

Pasado, presente y futuro de Lebrija, uno de los pueblos más interesantes de Sevilla, que nos recibió con una telera de pan lebrijano cortesía del Horno de Vélez, ¡Demasiado!.