Acostumbrada a la fama monumental y turística de Sevilla capital, me alegro muchísimo cuando me llevan a descubrir su provincia y lo mucho bueno que guarda. Uno de sus pueblos –Lebrija, dónde fuimos jurado de tapas más de un año- se convirtió el jueves pasado en destino sensorial para 40 personas entre blogueros, comunicadores, agentes y guías turísticos, venidos de Sevilla, Cádiz, Málaga y Córdoba. El evento estuvo organizado por el Ayuntamiento lebrijano y Prodetur Turismo de Sevilla (Diputación Provincial). Un día para mostrar y demostrar su patrimonio arqueológico, etnológico y por supuesto gastronómico, que de eso respiramos.

Lebrija es ciudad milenaria y monumental, con un término repartido entre campiña y marisma y una gran diversidad de paisajes. Tiene un servicio propio en investigación y arqueología, de la mano de Agustina Quirós, quien explicó el trabajo que se está llevando a cabo desde el Ayuntamiento, poniendo en valor desde el año 2015 interesantes restos, de épocas tartésicas, romana,  medieval, islámica, cristiana y moderna.

Próximo a cumplirse los 500 años de la muerte del lebrijano y gran humanista Elio Antonio de Cana y Xarana (Elio Antonio de Nebrija), traductor, impresor, cronista y autor de la primera gramática castellana, la localidad se dispone a celebrar la efeméride con diversos actos. Todo ello lo explicó en su presentación el concejal de cultura, José María Calderón, previa introducción de nuestra amiga y organizadora de eventos, Eva Cepero.

La primera parada del grupo nos permitió conocer y degustar un desayuno típico islámico, a base del mejor pan, el aceite de oliva virgen extra (arbequino y picual y de naranja), con arrope en lugar de vino y pan ácimo (bollo de fiesta, con 24 horas de fermentación). Aquí contamos con viejos conocidos y mejores profesionales como el panadero Domi Vélez (que presentó su pan Farro cuarteado), Manuel León Béjar (nuestro arqueogastrónomo y amigo, que aportó patés y quesos hechos a la manera de la antigua Roma) y los aceites de la marca Basilippo, con Diego Vergara, con el que además aprendimos a amar el aceite hace muchos años.  

De ahí pasamos a conocer los restos del castillo, y en el espacio de su desaparecido patio de armas, probamos naranjas de la provincia y pan con anchoas, con el predominio visual y estratégico del lugar por la antigua fortaleza, junto a la mudéjar ermita del Castillo, declarada BIC en 1931, rehabilitada en 2003, y actualmente sede de la cofradía del Castillo.  Desde allí la vista puede alcanzar las localidades gaditanas de Sanlúcar de Barrameda y Trebujena.

Continuó la jornada con la visita a la Bodega González Palacios, otra referencia lebrijana, situada en la Loma Overo (que da nombre a su tinto), con 25 Ha de albariza, y uvas palomino, moscatel, Cabernet sauvignon, Syrah, Tempranillo y Petit Verdot. Esta bodega, por un lado se está adaptando a los tiempos y preferencias actuales, en el sentido de apostar por los tintos, pero también por recuperar en un futuro inmediato viejas variedades autóctonas (Uva Beva, perruno de Arcos, etc.). La situación de estos viñedos es interesantísima, con una tierra que a pesar de los vientos que recibe conserva la humedad en su interior.

En esta fase gastronómica, asistimos a la elaboración de un “ajo lebrijano”, en un perol con sofrito de aceite, ajo, pimientos, tomates y pan con agua, guisado por Rubén Caballero, del Restaurante Venta Rey. Igualmente probamos los dulces de convento, a base de almendras y azúcar, con cabello de ángel, calabaza confitada y mazapán horneado. Todo ello de las monjas franciscanas concepcionistas del monasterio de la Purísima Concepción (siglo XVI), que actualmente son 17, con un recetario del siglo XVII y XVIII.

Tras dejar viñedos y bodegas, nos dirigimos al obrador de Domi Vélez, quien impartió un taller de pan por autólisis, fundamentando el proceso de fermentación de la masa. Domi expuso su fórmula magistral de elaboración del pan, un lujo de artesano e investigador, en pro del pan más sano y gurmet.

La jornada finalizó con una original visita: al único taller de alfarería que resiste en Lebrija, que llegaron a ser 14, con varios trabajadores cada uno. Su titular, Juan Sebastián López, nos explicó que la alfarería tradicional se acaba en Lebrija con la llegada del plástico para el ajuar doméstico. Nos deleitó ver trabajar el barro a Juan Sebastián, al modo tradicional.

Una visita especial, que nos hizo disfrutar de sabores islámicos, romanos, medievales, con los mejores alimentos: el pan, los cítricos, los escabeches, los aceites, los frutos secos, los dulces, y los vinos, todo lo que Lebrija encierra.

El evento continuó el día siguiente, aunque no pudimos estar, pero sí tenemos claro que tenemos pendiente una nueva visita a sus bares de tapas. Hay que decir que en la Ruta de la Tapa de Lebrija los establecimientos concursan con tres tapas distintas cada uno, lo cual dice mucho de su potencia gastronómica.

Un alcalde cercano y motivador –José Barroso-, un comprometido concejal de cultura –José María Calderón-, y unos organizadores profesionales consiguieron su objetivo: acercarnos a la esencia de Lebrija en sabores y tradiciones, bajo el lema «Siente Lebrija».

Quedó pendiente otra pata cultural de Lebrija como es el flamenco, que se materializará en un centro de interpretación en un futuro próximo.