Coincidieron en la jornada del martes 13 por visita al campo olivarero en tareas de verdeo en El Aljarafe sevillano: Juan Luis Oropesa, agricultor y cooperativista jefe, presidente del Consejo Regulador de la IGP Aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla; Rafael Salado, bodeguero de antecedentes familiares, presidente de la Asociación de Vinos y Licores de la Provincia de Sevilla, y Julio Moreno Ventas, eficaz gestor y coordinador, presidente de la Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo. La imagen está tomada en las Bodegas Salado, una buena referencia.

Tres secciones, tres mundos, tres indicadores de la salud gastronómica de Sevilla, y tres caminos por el que actuar.

Lo de Oropesa con las aceitunas, es tal como que le ha tocado vivir el encuentro de unión de los agricultores de ambos lados del río, culminándose en la deseada I.G.P., que bendice con marca la calidad de las aceitunas de mesa sevillanas. Todo un “influencer” de la cultura de la aceituna, conocedor de su importancia histórica, cultural y económica. Un mundo por comunicar.

En el sector vinícola, Rafael Salado es continuador de una saga bodeguera del Aljarafe. Ahora lleva la responsabilidad de la coordinación de los productores de la provincia de Sevilla en una sola voz, un colectivo que ha dinamizado sin duda la gastronomía sevillana y que quiere abrirse camino empezando por el propio mercado comarcal. Salado no para de crear nuevos vinos de distinto perfil, en un afán de ampliar y diversificar la oferta para atraer a todos los mercados.

Y remata con ellos Julio Moreno Ventas, presidente de la joven Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo, con varios objetivos en la línea de apoyo y defensa de estas nobles artes en la provincia. Sabe que tiene varios frentes poderosos a los que defender, como la aceituna de mesa, los vinos, la tapa, la cocina tradicional, la alta cocina, el servicio de sala en la hostelería y, sobre todo, el prestigio de la gastronomía de Sevilla y provincia y por ende su economía.

Tres presidentes dispuestos, entusiastas y laboriosos, para una provincia que aún tarda en reconocerse a sí misma con sus productos propios y sus vinos autóctonos. Y ésa es la tarea principal, la de dar a conocer a los sevillanos lo que tienen y lo que pueden llegar a tener, si saben valorar lo suyo. Aceitunas, vinos y gastronomía, junto a otros productos de calidad que nacen y brillan en el territorio como el aceite de oliva virgen extra, los mantecados o el arroz de la marisma, que serán los factores a los que mirar, en alianza con los excelentes cocineros que tenemos en Sevilla

Y todo ello en una época especialmente difícil por la crisis sanitaria debido a la pandemia. Limitaciones de aforo en los bares y restaurantes, escasa ocupación en los hoteles y oscuro horizonte en la economía. Pero hay que seguir luchando.