A finales de octubre de 2012 abrieron sus puertas, mostrando muy claramente lo que estaban dispuestos a ofrecer a conciencia: buena cocina, calidad de ingredientes, decoración moderna en el local y de talento propio, y una puesta en escena de mesas que transmite calor, cariño y detalle. Carmen y Víctor, Sala y Cocina respectivamente, siguen a la fecha con el mismo estilo de sus principios, una establecimiento distinto y digno de ser reconocido, en un bello entorno histórico del centro de Cádiz, junto a la Plaza Candelaria.

Ya los objetos dispuestos en la mesa tras la reserva, invitan a sentarse, a acercarse, a sentirse a gusto con el grupo con el que uno ha decidido ir a comer. Y mientras tanto, se aprovecha para pasar revista a las antigüedades colocadas sobre los huecos interiores de ventana, la mayoría adquiridos y restaurados por Carmen. La Candela es sin duda un lugar único, distinto, en el conjunto de bares y restaurantes de Cádiz.

Platos que son una pequeña obra de arte, sabores más que buenos y presentaciones originales, convierten a La Candela en una referencia para el buen comer, a la altura de la mejor cocina y el ambiente más actual; que todo es necesario en el almuerzo o la cena fuera de casa.

Casi dos años y medio de trabajo, de actividad hostelera y creativa. Y siguen siendo necesarias las reservas para comer allí. Un mundo de detalles, colores, estéticas y confort casero, unido a un estilo de cocina excelente y bien presentada. Es  gestionar un restaurante por dentro y por fuera, atendiendo las inquietudes de todo cliente.

En la imagen del mosaico, una muestra de las riquísimas tapas de La Candela, cuya carta cambia con cierta frecuencia, y siempre deja satisfecho al comensal. Y una imagen de sensibilidad para acompañar a estos buenos platos y postres.

El grupo de personas que comió con nosotros allí el pasado sábado, está dispuesta a ratificar con su firma todo lo que acabo de decir.