Recuerdo cuando abrió este bar-restaurante de tapas y raciones en la calle Buenos Aires, en un antiguo local con entrada de vivienda. A los pocos años, La Marmita se trasladó a la calle Ancha, a la planta baja de una casa palacio tradicional gaditana. Desde el establecimiento y a través de una cristalera, se puede contemplar el patio de la casa y su decoración floral, una preciosidad.

La Marmita no cierra ningún día de la semana. Su carta es pequeña pero muy variada en cocina fría y caliente, con productos de la provincia de Cádiz, girando alrededor del producto estrella, el atún rojo.

El local tiene mesas de distintos tamaños y una pequeña terraza en el exterior, que amplía el aforo. Es muy frecuentado por extranjeros, o eso creemos, y el servicio es muy atento.

El pan es de La Cremita, (de los mejores obradores de la provincia) y tienen cerveza Chimay, que sirven en su copa.

Como siempre que visitamos por primera vez un lugar, pedimos lo más sencillo, y éste fue el orden:

Ensalada de tomates corazón de buey, berros, atún rojo de almadraba a baja temperatura, con vinagreta de naranja y piñones. Un plato estupendo como entrante.

Ensaladilla de langostinos al ajillo con alioli suave de manzanilla Los Caireles (excelente).

Tartar marinado con cilantro y cebolla morada. (tal vez demasiado intenso en cilantro, pero es cuestión de gustos). 

Croquetas caseras de calamares en su tinta. Nos parecieron magníficas.

Y de postre, la torrija, formato tradicional con helado de vainilla. De tamaño justo, sin abusar del pan brioche.

En resumen, un lugar referencia para amantes del atún rojo y el buen trato a pescados y vegetales de la provincia. Un lugar necesario para comer en Cádiz.

La Marmita está recomendada en la guía Michelin.