Dícese de “la suerte de matar al toro echándose sobre él cuando se encuentra parado”, eso significa volapié. Pues en Chipiona, playa colonizada por los sevillanos de Sevilla, ponen en el Bar Volapie  (calle Isaac Peral, 10), una tortilla incluida en la licenciatura, bajo el nombre de tortilla de escombros, y que constituye la clase del aula 2. El no conocer demasiado la localidad, nos dio la oportunidad de pasear por el mar, junto a aves tomando el sol, antiguos hoteles cerrados por temporada baja, y una ciudad un tanto dormida, con un silencio de olas. Éste es nuestro último sello en la cartilla y en la hoja de ruta. Con El Volapié van quince. Pronto podremos ser licenciados en tortillología, con el tratamiento de ilustrísimos señores.

Lo de la tranquilidad del sábado se acabó al entrar en el bar. Dos y media de la tarde, una sola mesa libre. Familias enteras con bebés, parejas con ganas de hablar, gente asidua que conoce la cocina del establecimiento, decorado con motivos taurinos. Tras un pequeño burladero, un toro con sombrero y puro en la boca, y una vaca con mantilla, diferencian los aseos. Dionisio y Paloma no paran de atender, servir y aconsejar entre las diferentes tapas que tienen, pero el estrés no puede con ellos.

Curándonos en salud, habíamos telefoneado el dia antes al dueño del bar, pues no abre a diario en invierno. Pero oye, nos conoció nada más entrar. Por eso, mientras salían las tortillas, nos puso unas gambas al ajillo con huevo de codorniz en una especie de saquito. Genial tapa.

Impresionante la tortilla de escombros. Es unipersonal y hecha al momento. Lleva de todo en taquitos: además de papas y huevos, chorizo, salchichón, queso y jamón. Viene en un pan tipo hamburguesa pero del bueno. Está riquísima. Eso sí, es de plato único por su contenido. Es una tortilla valiente, auténtica, redondita e ideal para disfrutar. Y desde luego, está muy bien hecha. Me encantó. La tortilla de escombros es una tortilla llena, concentrada de sabores a base de recoger los ingredientes más poderosos.

Degustando la tortilla y la tapa anterior, conversando con los de la mesa de al lado para contarles lo de la tortillología y pidiendo la cuenta, salimos de El Volapie muy contentos, con la sensación de haber cumplido con el programa y horario de clases. Ahora toca hacer balance. Hemos guardado un recuerdo de cada uno de estos quince bares tortillológicos. Acabamos de rematar la faena de probar con estilo quince tortillas distintas, cada una de su bar y de su cocina. ¿cortaremos alguna oreja en la entrega de togas al final de curso?

Ahora toca refundir y reordenar los recuerdos. Estas tortillas-asignaturas han desfilado por nuestros tenedores, exigiendo nuestra atención. Hay que poner cada una en su sitio y elegir la mejor, otra prueba para aprobar la licenciatura. Seguiremos informando….