He visto la noticia hoy en el telediario, si bien lleva tiempo en los informativos y en las redes. El mercado de abastos de Torrijos (distrito Goya/Salamanca, Madrid) tiene activos solamente diez puestos, de los más de cincuenta que contenía inicialmente.

La pandemia le dio la puntilla a este mercado, haciéndole perder ventas. La edad de los detallistas llevó a algunos a la jubilación, y también hubo quien se dejó comprar por un fondo inmobiliario, empresa que espera quedarse con el edificio para algún proyecto especulativo, en una de las zonas más caras de la capital de España.

Encuentro en internet un trabajo realizado sobre los mercados de abastos, firmado por Paula Ramos López, titulado “Evolución tipológica de los mercados de abastos en Madrid”. En él se explica que los mercados nacen en el siglo XIX, crecen en los comienzos y segunda mitad del siglo XX, y empiezan su decadencia a partir de los años 90, si bien, muchos de ellos han sido recuperados para el turismo gourmet o para otros usos compatibles con la venta de alimentos.

Paula Ramos indica las claves arquitectónicas que debe tener un mercado:

  • Espacios cubiertos y acotados
  • Dedicados a la compra, permitiendo contacto entre vendedor y comprador. Pueden acoger otros usos compatibles.
  • Distribución interior con puestos independientes.
  • Influencia en la zona del barrio.

Esta entrada es una más de las muchas que escribí sobre los mercados de abastos, sobre todo el central de Cádiz, por el que siento una gran devoción como clienta fiel y visitante.

Los mercados de abastos son una especie en extinción: los ayuntamientos no están por la labor de construir nuevos mercados, dando preferencia a las grandes cadenas de supermercados, que le proporcionan ingresos en impuestos y mínimos gastos. Los mercados, en cambio, al ser de propiedad municipal, les resultan gravosos.

Pero también es verdad, que el cliente, el consumidor, es en su mayoría usuario de los supermercados. En ellos encuentra lo que necesita, en el mínimo tiempo posible para la organización de sus compras de alimentos.

En fin, el modelo de los mercados se agota. Ese contacto de comprador/vendedor pasa de moda. Ese contemplar la mercancía no parece tener importancia, y el factor calidad de los alimentos frescos es un término del que no se habla. Malos tiempos para los mercados, los productos locales, la confianza en el trato comercial y la cultura de la alimentación.

Creo que los clientes y detallistas del mercado de Torrijos han creado la plataforma “Salvemos Torrijos”. Yo, desde mi humilde rincón bloguero, estoy con ellos.

Los mercados se salvarán si la gente sigue comprando en ellos.