Ya abrió allá por mayo, tras un prolongado cierre por la pandemia, que a todos nos tenía escamados.  Lo ha hecho con el mismo equipo anterior. Y la gente ha regresado como si nada: “yo el café con leche de siempre…” Sus mesas se han llenado de conversaciones cruzadas e intercambios de frases. atendiendo también al cliente single que aprovecha el espacio para leer sus correos electrónicos o sus mensajes mientras disfruta del té y las pastas.

Lo nuestro fue de merienda de cumpleaños familiar. Al estar completa la zona de cafetería, nos tuvieron que ubicar en otro espacio, donde en el sofá tapizado en capitoné se dispuso una mesa redonda, magnífica, y en la que se colocó todo lo necesario.

Cafés, chocolates, tés o manzanilla. Varias raciones de picatostes (el plato estrella de la cafetería), y una tarta con un número sesentero, que ya es lo que nos queda.

Buena atención por parte del personal, siempre pendiente de nosotros; el ruido justo en el ambiente con las voces del resto de las mesas, y la belleza de un lugar especial, del que podemos presumir los gaditanos. Conserva su estilo de hace más de cien años, y sabemos que no hay muchos Royalties por España.

Cumpleaños redondo, reencuentro familiar, charlas sosegadas, rica merienda y el buen sabor de boca de las tortitas que también formaron parte del repertorio gastronómico.

Las cafeterías –junto a las tabernas- son imprescindibles. Pero en aquellas prima el sereno buen gusto, para detener un poco nuestro estresado tiempo y disfrutar de nuestros encuentros vespertinos. 

Ahora nos queda actualizarnos con sus famosos Brunch. En cuanto tengamos ocasión.