La web Directo al Paladar publicó en el pasado mes de febrero una extensa entrevista realizada al autor del libro “The secret life of groceries”, el neoyorkino Benjami Lorr. Libro aún sin traducir al castellano, que yo sepa,  así que me serviré de este artículo para conocer a grandes rasgos lo que en la obra se cuenta, referido sobre todo al supermercado estadounidense.

Intentaré resumirlo:

Ya durante la pandemia se puso de manifiesto la importancia del supermercado en nuestra sociedad. La compra era de lo poco que se permitía en el confinamiento. Desde la creación del supermercado en los años 30 del pasado siglo, ha ido generando profundos cambios en nuestra vida, más allá de nuestra alimentación: también en el mercado laboral, el medio ambiente y nuestras aspiraciones, con sus luces y sus sombras.

El supermercado, desde su creación, facilitó bajar el presupuesto en comida de los hogares (Del 40% al 10% de la renta disponible), con la mayor abundancia de productos. Este ahorro en alimentación sugiere que la comida está infravalorada. El super se basa en comodidad, bajos precios y muchas opciones para elegir de calidad. Pero no todo a la vez. Los precios bajos no traen la calidad de antes.

Y esto es difícil de resolver: por el funcionamiento del mercado mundial de los productos básicos, por el tamaño de la cadena de suministros. El dinero circula mucho para llegar a quien lo necesita. Gastar más como consumidor no resuelve el problema: están las cuestiones relacionadas con la desigualdad económica a nivel global, con gente desesperada por trabajar. Serviría llegar a tratados comerciales que fueran justos, con sindicatos organizados, pero solo el comprar de otra manera es simplista e interesado. Solo nos beneficiaríamos nosotros mismos.

Nuestro sistema de alimentación es muy robusto. Los fallos de abastecimiento en USA se han debido a la fiebre por almacenar de los consumidores.  

La comida se ha convertido en una forma de expresar la identidad personal. Y hay un gran escepticismo respecto al consumo. Hemos transferido nuestros ideales a la comida. El supermercado nunca será un vehículo para ofrecer comida saludable. Aunque han crecido los productos que usan como reclamo la salud.

En cuanto al papel del supermercado en la relación obesidad y pobreza, el ofrecer mucha comida y más barata, hará que aumente el consumo y eso se relaciona con las mayores raciones, y por tanto con el aumento de la obesidad.

El supermercado y sus cambios: tras la pandemia, se está acelerando la traslación del modelo de supermercado a la tienda online. Y aquí surge la cuestión del trato a los empleados, como factores fantasma, y ya  no importará su bienestar. Los supermercados quedarán seguramente para comprar los productos llamados comodities, en los que no cuenta la calidad.  Y hay una tendencia hacia los super de mediana superficie y a tiendas más pequeñas.

La mayoría de los empleados de los supermercados se han visto mal retribuídos durante la pandemia, a pesar del riesgo que corrían. Están muy insatisfechos, pues no han cambiado sus condiciones laborales.

Hay cinismo en los consumidores en la industria de los productos lejanos, obtenidos con malas prácticas, incluso con condiciones de esclavitud. Pero es muy difícil reformar la cadena alimentaria, debido a la globalización (dejarán un producto y buscarán otro en otro país). Por eso la industria debe cooperar y trabajar con el sector local. 

La lucha por posicionarse las distintas marcas entre los consumidores, tiene efectos negativos, haciendo que todo sea más caro, impidiendo la entrada de otros nuevos negocios, que podrían traer nuevas ideas más éticas. 

En cuanto a la eficiencia de los supermercados (vender lo más rápido posible), genera además muchos residuos. Pero tampoco son más eficientes las pequeñas tiendas (por ejemplo, con el aspecto de los alimentos). Lo importante es la relación de los comercios con los proveedores. Algunos han creado su propia cadena de suministro de forma local.

(La imagen destacada es de Directo al Paladar)