La Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo, desde el momento de su creación, estableció como uno de sus objetos fundacionales reivindicar y defender para Sevilla la Cultura de la Tapa como estilo de vida y modelo de socialización, que después se ha extendido a otros territorios de España.

Algo similar a lo que sucedió con la historia de la tapa, esa particular forma de comer, esa cocina en miniatura (Ferrá Adriá) o esa cocina en libertad (Rafael Ansón) que se ha convertido en un elemento representativo de la identidad alimentaria española, adquiriendo un reconocimiento internacional que la convierte en elemento característico y popular de todos los rincones de España, aunque con diferentes denominaciones.

Pues bien, la idiosincrasia de los sevillanos, con el apoyo de su clima, de sus fiestas populares y de algún componente más, han hecho que el tapeo, entendido como el acto social de ir a consumirla, tenga ya tanta importancia como la tapa en sí, convirtiéndose en un atractivo turístico innegable además de en una seña de identidad de Sevilla y sus pueblos.

Y en todo ello ha jugado un papel fundamental la hostelería sevillana que ha sabido conjugar la tradición de esta peculiar dieta con la propuesta de nuevos conceptos y elaboraciones, siempre con base en la excelencia de nuestros productos, para adaptarse a los nuevos gustos del consumidor.

Por todo ello, en este día la Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo se suma a la manifestación que en su día hizo la Academia Iberoamericana de Gastronomía para el reconocimiento público  y universal de Sevilla como Capital de la Cultura de la Tapa por su demostrado antecedente histórico en este modelo de convivencia y socialización en torno a ese emblema gastronómico español que es la tapa.