La antigua Casa Madre de la Fábrica de Cervezas Cruzcampo de Sevilla, (1904) se ha reconvertido en La Factoría, un espacio de formato estilo loft (nave de techos altos y sin apenas distribución) y con instalaciones de la fábrica a la vista.

El edificio sigue albergando la Escuela de Hostelería, y acoge visitas de grupos, catas formativas de cervezas, cenas y degustaciones. Todo ello, para ilustrar el mundo de la cerveza, bajo el auspicio de la Fundación Cruzcampo, que allí tiene su sede.

Por ello, La Factoría tiene un marcado carácter y fin social, pues se dedica a impartir programas de formación para la empleabilidad en la hostelería. La fábrica de Cruzcampo (hoy Heineken) se trasladó a sus nuevas instalaciones en 2007. Y ahora en este edificio se sigue elaborando cerveza.

El pasado viernes tuvimos ocasión de acudir con un grupo de amigos a este lugar, para asistir a una cata básica, con posterior cena maridada con las cervezas allí presentadas. De hecho, son siete las variedades de cervezas que se elaboran en La Factoría, aunque no se comercializan. El criterio de fabricación es de absoluta libertad. Se trata de transmitir la cultura cervecera.

El director de cata indicó que existen en el mundo unas 200 variedades de cerveza, en las que la espuma es uno de los factores fundamentales de su aspecto. El “pantone” o conjunto de colores de la cerveza puede definirse como una puesta de sol, con sus diferentes matices. La levadura es la que crea realmente la cerveza.

Retención de espuma y su tiempo, claridad o turbidez, calidad del agua empleada, tipo de cereales o el lúpulo (con su amargor y aroma), además de la malta (una técnica, no un producto), o el gas, son algunos de los ingredientes y factores que definen una cerveza.

Nombres como Coraje, Mijita, o Descará, fueron las variedades presentadas en la cata, entre las que alguna tiene una mínima graduación alcohólica (solo 2,1º).

La cena consistió en profiteroles con crema de queso y membrillo, atún mechado con base de gazpacho de aguacates y guisantes, Pionono de cola de toro con base de puré de patatas y verduras y de postre torrijas con helado. Todo ello servido con amabilidad y eficacia por los alumnos de la Escuela de Hostelería de la Fundación Cruzcampo.

Una actividad curiosa y bien organizada, en la que se aprende a valorar la cerveza.