Le hemos dedicado varias crónicas a este lugar. Además, recién levantado el confinamiento el año pasado, fue nuestra primera salida para comer fuera. El Grupo Arsenio Manila sigue siendo un modelo de hostelería bien organizado y gestionado, con la casa madre del Paseo Marítimo de Cádiz, en un local multihoras, con estanterías llenas de libros donados por los clientes, un reservado para reuniones familiares y una decoración moderna. Allí siempre se come bien.

Con una carta de platos variada donde reina el producto de mercado, algunos de ellos ya clásicos, cuentan con las sugerencias de su famosa pizarra, que es cada vez más larga. Tienen buenos pescados y carnes, de los que indican el origen y el proveedor (cosa que se agradece), y su cocina hace siempre guiños a la culinaria asiática. El resultado es exitoso para todo tipo de clientes y familias. Y su bodega cuenta con los mejores vinos de la provincia.

Tiene un gran equipo de sala comandado por Toni Fernández, que controla y supervisa la gestión de la cocina, los ritmos de servicio y asesora en nuevos platos y técnicas.

En nuestra última visita pasamos revista a los platos más frecuentes de la carta, con una selección variada:

El gazpacho verde, uno de mis favoritos, un entrante exquisito y saludable.

Las puntillitas, ricas y bien fritas, como siempre (buen pescado fresco).

Lo mismo con las croquetas del puchero, que no faltan de la carta.

Huevos ricos y famosos, en versión actualizada, un plato para comilones.

Y una tarta de queso casera con bizcocho de horno, rico postre.

Teniendo en cuenta que hablamos de una cena, las raciones estaban muy bien ajustadas para cuatro personas.

Resumiendo, una visita que siempre es positiva: buena materia prima, buena elaboración y una filosofía de adaptación al cliente.