El no poder usar la barra debido a las restricciones covid, está llevando a algunos establecimientos a plantearse un cierre o un traslado a espacios más amplios en los que instalar mesas, las cuales sí cumplen con la normativa sanitaria. La pandemia ha hecho revisar los cálculos de bares y restaurantes. El Recreo Chico, un clásico del centro de Cádiz, se ha mudado a la calle Ancha, a un local más diáfano, con barra de uso interno y una pequeña pero agradable terraza. Allí estuvimos.

Cierran los domingos y solo abren para almuerzos y cenas. Es un modo de racionalizar la actividad para un pequeño equipo de cocina y sala, que organiza perfectamente su servicio. De esa indiscutible profesionalización nace un establecimiento con una de las mejores relaciones calidad/precio.

Pequeños platos, precios ajustados, toque de especias, variedad y tradición, hacen que el cliente vuelva a El Recreo Chico, porque allí se encuentra uno como en su casa.

Ensaladilla de langostinos, croquetas de chicharrones, Dourado de bacalao y albóndigas de ternera al toro, fueron en pequeñas pero muy presentables porciones, nuestro almuerzo ligero y reparador. El postre fue una riquísima tarta de naranja sobre base de bizcocho. Una experiencia culinaria y humana por el trato que siempre recibimos allí.

Aquí la cocina funciona, huye de cartas standard, presenta versiones reducidas lo justo y además pone unos platos de Duralex que nos hace sentir nostalgia.

Este modelo de hostelería es absolutamente imprescindible.