El sol fuera o la ausencia de lluvia –que es lo mismo- propicia que las familias salgan a almorzar el domingo, consiguiendo llenar los locales con clientes de todas las edades en las mesas. En el barrio sevillano de Heliópolis, en el corazón de los preciosos chalets construidos para la Expo del 29 y cerca del estadio del Betis, se encuentran dos construcciones dedicadas a la hostelería. Y en una de ellas, el Restaurante Doña Clara, hemos comido un domingo al mediodía, previa reserva preventiva, que después nos dio la razón, pues no quedó mesa libre alguna.

Doña Clara, es un coqueto establecimiento abierto desde hace 25 años, cuyo cocinero y propietario, Juan Pablo Ruiz Wagener, trabajó junto a su familia en la antigua Venta Ruiz, situada a la entrada de Sevilla. Doña Clara cuenta con terraza exterior cubierta, previa a la sala del restaurante, que se puede compartimentar para eventos o reuniones con unas coquetas cortinas. En sus paredes exhibe pinturas para su venta. Cierra domingos noche y lunes noche.

Su cocina es la tradicional, pero “muy bien hecha”, como lo prueban sus platos de cuchareo y algunos clásicos con toques innovadores. El ritmo de la cocina es bastante dinámico. Cuenta con vinos de la sierra norte de Sevilla (Colonias de Galeón), cosa que nos alegra.

Al igual que en otras ocasiones, al ser solo dos personas no pudimos probar algunos platos atractivos de la carta, pero al menos disfrutamos del llamado menú ejecutivo, del cual escogimos gazpacho y salmorejo (magníficos los dos y excelente presentación); bacalao dorado (riquísimo aunque habría preferido algo más crujiente); berza (plato tradicional más de Cádiz que de Jerez, a la que yo le daría un diez); y marquesa de chocolate negro como postre, muy rico (aunque no es elaboración propia). El vino elegido, Morosanto, tinto de Ronda. El café de sobremesa, muy bueno, lo que es de agradecer.

El propio cocinero nos indicó que hay otras sugerencias de la carta muy exitosas como por ejemplo el arroz con perdiz o el lomo de retinto. Apuntado queda.

Doña Clara tiene una cocina de mercado, con productos de buena calidad y una elaboración clásica y muy conseguida.

Me alegró enormemente de que se incluyera en la carta el gazpacho andaluz, hecho sin pan según el cocinero, pero con la mejor guarnición de huevo duro y jamón. Un plato exquisito.

Al despedirnos, en la mesita de recepción, varios ejemplares de El Comensal, la guía gastronómica sevillana en la que se incluye a Doña Clara, y el ejemplar del diario ABC en cuya portada aparece el Betis y su reciente victoria. Está claro que el Restaurante Doña Clara está totalmente identificado con su barrio, y eso es bueno. Quien no quiere al Betis no quiere a nadie.