La imagen de un antiguo cartel publicitario hallado casualmente por internet dio la clave del nombre del nuevo proyecto, La Virreina, que fue allá por el siglo XVII-XVIII un ultramarinos de productos coloniales en los alrededores de la plaza de la Catedral de Cádiz. Y así llamó María José Treviño a su tienda de similar orientación, abierta junto con su hermana Blanca en la actual calle Compañía.

Serlo y parecerlo. Así lo contó el pasado domingo en el Bar La Casapuerta, bajo el lema “La Virreina, vida y obra”. Y es que María José comenzó su exposición hablando del nacimiento de su idea: como la concibió, construyéndola con la ayuda de las manos familiares, reciclando materiales, optimizando el espacio de la tienda y formateando su sueño, largamente meditado y rápidamente consumado.

Porque para lo que quería vender era preciso dignificar también el continente, el escaparate. Y tener preparada la filosofía, el estilo de atención al cliente, el trato y el servicio personalizados. Por eso, serlo y parecerlo.

Quesos de la provincia, vinos y cervezas artesanas, aceites, conservas y ahumados, algas de las costas gaditanas, ingredientes para repostería, toda clase de especias, y, la mayor variedad de legumbres en Cádiz capital y parte del extranjero. Doy fe.

Flexibilidad comercial demostrada en la venta a granel, preparación de regalos, asesoramiento, y cortesía, hacen de esta tienda, una réplica al modo de vender aquellos coloniales que tanto caracterizó a Cádiz. Y para todo eso es preciso enamorarse de lo que uno hace. No es solo despachar y cobrar.

Ya hablamos de esta tienda en la correspondiente entrada del blog. La disposición del local, su decoración, distribución, y su extensa oferta no pasan desapercibidos a quien la visita. Y ha sido en La Casapuerta dónde ha hecho su presentación oficial, al igual que otros proyectos y colectivos gastronómicos.

La intervención de María José el pasado domingo en La Casapuerta recorrió el camino hasta la apertura de su tienda, en un momento en el que Cádiz tiene tantos pequeños tesoros gastronómicos para ofrecer a quienes los valoran. 

 

 

(Y la calle se llamó La Virreina hasta el siglo XIX, en honor de la viuda de D. Gabriel Díez del Castillo, virrey de Chile. Después de llamarse calle Cayón -por el arquitecto de la Catedral-, pasó a ser calle Compañía, como la conocemos hoy).