La Escuela de Hostelería de la Diputación de Cádiz sigue organizando atrayentes  prácticas para los alumnos de los diferentes ciclos formativos. Junto a interesantes ponencias didácticas a cargo de profesionales del mundo de la hostelería y la Universidad, el pasado jueves 24 tuvo lugar en el centro una jornada de fusión, caracterizada por la mezcla de productos y guarniciones. Para comer aquí los jueves, es necesario reservar el martes anterior, a partir de las 12 de la mañana. A un precio más que razonable, son muchas las personas que acuden a almorzar al Fernando Quiñones.

El menú estuvo compuesto de aperitivos, tres platos y postre. La recepción fue con una maritata: tortilla guisada (en salsa, muy rica y jugosa), nombre de la pequeña tapa gaditana, -término que espero no desaparezca del vocablo gastronómico del Doce recién incorporado-, con una copa de manzanilla fresca. El pan se ofrecía en pequeñas piezas variadas, de los que personalmente me quedaría con el pan de cebolla, riquísimo. Escogimos el tinto Barbazul, de la finca Huerta Albalá (tierra de Cádiz).

Los vistosos aperitivos (todos  en un solo plato) fueron Foie de Pato sobre Pan de Vainilla y Sirope de Arce; Pastela de Boletus con Pisto al Mole Poblano y Berenjenas Fritas con Humus y Miel de Caña. Todo exquisito.

El primer plato consistió en Ensaladilla en Textura, una especie de ensaladilla deconstruida, de sabor muy agradable, el segundo, Calamares con Curry y Arroces Basmati y Salvaje, donde el calamar y el arroz salvaje destacaron en sabor, espectaculares. Y  de tercer plato Coca de Lomo de Retinto con Cebollita Caramelizada, muy bien dispuesto, aunque soy poco carnicera. El postre, Mi Tiramisú, fue realmente impresionante.

Las comidas en el Fernando Quiñones se sirven en el salón de la escuela por los jóvenes estudiantes del ciclo formativo de Servicio en Restauración, uno de los que se imparten en el centro. Los chicos y chicas proceden en su mayoría de la provincia de Cádiz, y su trabajo en la sala está supervisado constantemente por la dirección de sala y el profesorado de la Escuela. Como es lógico, contar aquí con el factor cliente es fundamental.

Las prácticas de la Escuela de Hostelería Fernando Quiñones son una interesante puesta en escena gastronómica que busca mejorar la calidad. El próximo jueves el centro tiene previsto presentar el menú “Cocina de monasterios y conventos del siglo XIX”. Una propuesta de lo más atractiva para curiosos de la gastronomía.

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