Se llama Antonio Sirviente y lleva 13 años cocinando para el Juan Sebastián Elcano, este año para 240 viajeros en su LXXX crucero de instrucción, por lo que lo del mareo ya lo tiene totalmente controlado. Y es que este año, con lo del blog, aparte de ver salir al bergantín, me habría gustado conocer a su cocinero. La Voz de Cádiz, con más influencias, logró fotografiarlo. A ver si puedo a la vuelta, en el mes de Julio.

La mañana del sábado fue espectacular. Muy fría pero soleada. Escuché la Salve Marinera, cada año distinta en Santo Domingo; pagaría por escucharla, suena a plegaria ante un viaje-riesgo, hoy asistido por las telecomunicaciones, pero que no pierde su carácter aventurero. Impagable también el desfile de los guardiamarinas hacia el barco al salir de la iglesia, cruzando la Cuesta de las Calesas, donde lo sacro se recicla en alegre marcha militar. Detrás, el pueblo.

Todos al muelle. El barco este año con mascarón de proa renovado, y hacia él van todas nuestras digitales, respetando las vallas de seguridad. El barco hermosea el muelle Ciudad, admirado por Cádiz, y luciendo su pendón. Empieza la marinería a escalar hacia los palos, antes de soltar amarras. El Elcano sale de puerto remolcado y al poco con todas sus velas. Lo siento, pero empiezo con el vértigo viendo subir a los marineros. ¿cómo se las arreglará el cocinero a bordo con un temporal?, no quiero ni pensarlo.


Tras las primeras maniobras, guardiamarinas y tripulación salen a despedirse de sus familias. Allí hay de todo: abrigos Burberrys y perlas, pero también gorritos de lana y botines del mercadillo. Lágrimas tras las gafas de sol. Una guapa marinera hace acopio de los besos de su novio, que no tendrá en seis meses. La banda de música toca mi pasodoble favorito, «Chiclanera», y ya soy feliz. Los guardiamarinas con sus uniformes, en formación, demasiao…, y es que hoy Cádiz pone el vello de punta.


Faltan las salvas de honor, quince en total, pero estos cañonazos pueden conmigo, y algún niño llora. ¿Cómo estarán los niños en Gaza con estos constantes ruidos asesinos? Empiezan a sonar los pitos, que anuncian maniobras o entrada y salida de autoridades, en un lenguaje marinero sin lugar para la desobediencia o las protestas. Llevamos más de una hora de pie, pero con la música se hace corto. Antes del Elcano, zarpa la corbeta de los “enchufados” de todos los años, que tienen la suerte de acompañar al buque escuela. El resto, alegres barquitos de recreo que tocan la sirena al verlo pasar,….y yo, intentando sin éxito fotografiar al cocinero.