Todo empezó el viernes. El temporal nos llevó directamente al bar del barrio. Pero ¡ah¡ en él, había sorpresa: bacalao al pil-pil de mi amigo Mariano, fuera de la carta, mano de obra de favor de amigo, pero para disfrutar. Estaba suave y en la mejor de sus gelatinas. Tienes razón Mariano, el bacalao, es de naturaleza pendular: o lo adoras o lo odias, no tiene término medio. Creo que el amor tampoco lo tiene.

El sábado, a media mañana, recogida del segundo pedido de gambas. El sector del pescado en la plaza estaba a reventar. La gente allí se veía contenta, hay precios para todos los bolsillos. Todo un lujo el nuevo mercado recién rehabilitado sin duda. Gracias Paco Tigre por tu atención pescadera. De paso, me llevo fruta de Ani, entrando a la izquierda: plátanos, peras de agua, kiwis, clementinas magníficas y… ¡¡¡fresas de Huelva!!!, y rápido, a congelar la gamba.
Se hace imprescindible visitar el Belén de la Casa Pemán, napolitano, excelente. Buscamos en librerías para regalar en Reyes obras que aún no están ni registradas y hay que esperar. Queremos comer temprano: ¿por qué no el restaurante Sopranis? Cogemos la última mesa sin reservar, la primera en ocupar y la única con una vela encendida. No hay por qué renunciar al romanticismo minimalista. Buena atención del servicio de camareras, y buen detalle de Ramón, trayéndonos dos copas de cava (sin saber que era nuestro aniversario). Excelentes entrantes y cara de admiración la mía al llegarme el plato solicitado: lomo de bacalao con calabacín rebozado y ratatuile, por su magnífico emplatado. Los postres, inmejorables. mérito del Chef Juan José Sánchez Marabot.

La noche no está para salir, pero hay de todo en Cádiz: la orquesta Barroca en la catedral Vieja, noche de Strauss en el Falla, Belén viviente en San Felipe, música sinfónica en San Francisco, cantautores en el Pay-Pay, y no sé cuantas más…. Pero elegimos en el Palacio de Congresos la “Noche de polifonías y habaneras”, algo distinto. Actúan dos corales (una de San Fernando, con excelente puesta en escena, y otra de Cádiz, Cánticum Novum), que interpretan villancicos populares sobre todo, y junto a ellos, el coro de la Asociación Aires de Cádiz, de Juan Antonio Lamas, con habaneras que se transponen luego al ritmo de tanguillos (me gusta esto). Al finalizar, la última cervecita, y solo una tapa, por favor.

El domingo trae otro lío, que por poco se nos olvida: la tradicional pestiñada de la Peña Juanito Villar, en su local de la entrada de La Caleta. Los pestiños, se hacen (miles) con la receta tradicional, acompañados de la copita de anís, todo gratis. Mientras tanto, se cantan villancicos flamencos, en esta ocasión por un grupo joven del barrio de Santa María. Por agenda, solo tuvimos tiempo de probar el primer pestiño del lebrillo. Algo es algo.
Fin de semana musical y gastronómico, dos cosas que se llevan divinamente, al menos en Cádiz. La navidad hace moverse a la gente y diluir algo sus propios problemas. Ambas cosas alegran el corazón, y eso es mucho.