No somos en casa grandes consumidores de patatas. De vez en cuando, una vez al mes compramos 1 kilo de este tubérculo con destino a acompañar a un guiso de carne o para un aliño de patatas. Bueno, las lentejas de los lunes llevan su patata también para espesar el caldo, al igual que las judías verdes salteadas, con su patata cocida y su ajito. Comemos mucha más verdura que patatas, es cierto, pero en mi frutería siempre las pido de Sanlúcar, que sirven para todo: freír, guisar y cocer. Son excelentes en sabor y en aguante en cocina.

La noticia que enlazo a continuación procede de la página Agrónoma, una web que cuelga noticias informaciones del campo en general. En esta ocasión, habla del fuerte crecimiento de las importaciones de patata de Egipto, considerándola una gran amenaza para el sector, tal como se trató en el último Congreso de la Patata, al que asistieron expertos de todo el mundo. Son varias las conclusiones de este encuentro:

-La patata de Egipto accede sin traba técnica ni fiscal alguna al mercado comunitario.

-Ha subido de modo brutal la importación de patata africana y el proceso continúa, y además en las peores fechas para el mercado español, coincidiendo con la patata temprana, la más rentable.

-Egipto dirige sus exportaciones a la Unión Europea tras la crisis del comercio en Asia.

-Aunque España importa mucha patata, la procedente de Egipto, con precios por debajo de coste puede desplazar a la patata local española en el mercado.

-También hay que tener en cuenta el riesgo sanitario, por lo que el sector realizará campañas de toma de muestras para detectar ciertos patógenos presentes en la patata africana. También se tomarán medidas para evitar el etiquetado erróneo de “origen España” cuando procede de Egipto, confundiendo al consumidor.  

-Francia sigue siendo nuestro principal comprador de patatas.

-Y como dato positivo, se indicó que la próxima campaña de patata será buena.

Siempre le insisto a mi frutero para que me despache la patata sanluqueña. De hecho el invierno pasado, debido a una salvaje granizada, se perdió gran parte de la cosecha gaditana y trajeron una patata lo más parecida; pero al primer aliño se vio la gran diferencia con la patata de Sanlúcar. No hay color.