Es uno de los establecimientos que participó en la pasada Ruta de Tapas de Autor de Sevilla, que patrocinó Cervezas Victoria y coordinó con eficacia Eva Cepero. De hecho, ganó el primer premio con su tortillita de camarones. Y ése fue el aliciente por el que lo visitamos y, de paso, lo descubrimos.

A fuego lento es un típico bar de barrio. Situado en una amplia plaza, Antonio Martelo, en el entorno de la calle Arroyo, que le da mucha visibilidad. Su interior es pequeño, pero disfruta de una amplia terraza, que se llena con facilidad gracias a las reservas anticipadas para almuerzos y cenas.

La cocina, dirigida por Juanma Aguilar, es de corte tradicional, con mucho contenido de pescado, si bien otros platos, como las albóndigas por ejemplo, son de muy buena factura.

Y por nombrar algunas tapas, la de ensaladilla, la citada tortillita de camarones, las croquetas de corvina, la pavía de bacalao (magnífica), etc., todo ello con sus guarniciones de papas fritas de verdad o de aliños.

Es lo que se llama un bar de cabecera, cercano a casa, con cocina honesta y propia (todo hecho allí), y en dónde compartir comidas y charlas familiares. Un modelo imprescindible en nuestra vida diaria.

Y lo mejor, creo, la pavía.