Fue un regalo de mi madrina, uno más. Podrá tener el artilugio unos 50 años, calculo yo. Es un juego de cafetera, lechera y azucarero. Todo en pequeño, para una taza o a lo sumo dos. Es de porcelana pintada en blanco y azul. Y lo más original es que incluye la parte inferior -el depósito- de una cafetera italiana, aunque eso sí, en el antiguo aluminio. Todavía venden esas cafeteras, por cierto.

Quiere decir que, se carga el café molido en el depósito correspondiente, se monta la cafetera de porcelana encima y se pone al fuego. Supongo que no será compatible con la placa de inducción, pero sí con la vitro. Una vez la temperatura adecuada, subirá el café y caerá dentro de la cafetera pintada a través de un pitorro exterior; luego desmontaremos la cafetera y llevaremos a la mesa, junto con su azucarero y su lechera.

En fin, cosas antiguas, objetos interesantes, de buen gusto. Cacharros domésticos bonitos que nos traen recuerdos y memorias a la hora de tomar el café. Y lo mejor de todo es que ocupa poco espacio. 

Ya he dicho muchas veces que le cojo demasiado cariño a simples objetos cotidianos. Lo siento.