El pasado miércoles disfrutamos con amigos blogueros de una jornada gastronómica en la comarca de Jerez. El objeto de la visita fue Bodegas Cortijo de Jara, cuya marca conocemos desde hace tiempo, además de tener siempre sus vinos en casa. La parte culinaria corrió a cargo de Antonio Galindo, propietario del Restaurante La Divina (El Bosque), y la coordinación, con gran acierto, de nuestra amiga Lola López.

La finca El Cortijo de Jara ocupa 400 Ha, en una zona de gran valor paisajístico y arqueológico, pues es sabido los múltiples hallazgos de restos árabes y descubrimientos de villas romanas. La construcción actual es del siglo XVIII, cuando se dedicaba al cereal y la remolacha. Hace dieciocho años se reconvirtió, introduciendo viñedos con nuevas variedades, y plantando olivos y almendros.

El caserío de El Cortijo es una antigua, coqueta y cuidada hacienda, que dedica algunas de sus estancias a acoger los depósitos de fermentación de uvas y a la crianza en botas de roble americano. Cuenta con una sala para eventos y catas, y un patio mirador con vistas espectaculares a los viñedos.

Este tipo de visitas nos lleva a conocer de cerca y valorar a emprendedores que han cambiado su orientación empresarial, como Juan García Angulo, propietario de la finca, quien nos atendió junto a la enóloga Teresa Castillo.

En la sala de fermentación pudimos probar vinos jóvenes y vinos ya hechos, a punto de salir al mercado, subrayando Teresa Castillo los constantes y notables cambios que están experimentando esos vinos en poco espacio de tiempo.

El Cortijo de Jara funciona con filosofía residuo cero y producción integrada. Su propietario realiza un notable esfuerzo, en un momento de gran incertidumbre por la sequía y por el incremento de costes debido a la inflación.

En la línea de explotación vitivinícola, la finca cuenta con 18 ha de viñedos, en donde se cultivan uvas merlot, syrah, tempranillo y Gewurztraminer, de origen alemán. La vendimia es nocturna, comenzando por la uva merlot, la que mejor se adapta a las irregularidades del clima de la zona. Según nos indicaron, la uva más dura es la syrah.

Tras nuestro paso por la bodega, salimos al campo abierto, recorriendo la zona de olivos, que ocupa unas 100 ha, de variedad arbequina. La última cosecha de aceite produjo 225.000 litros, que se molturaron en Olvera, tras una cuidada labor de recolección. Cortijo de Jara es un ejemplo de pequeña explotación que diversifica su producción: vinos, aceite y legumbres salen de su terreno.

Para el almuerzo, Antonio Galindo preparó con su equipo de cocina, un menú acompañado de tabla de quesos de El Bosqueño (alguno multipremiado internacionalmente, entre 4.000 quesos de 42 países), toda una delicia.

Se degustaron vinos blanco varietal uva Gewurztraminer, Tinto Roble de 6 meses, y Tinto Roble 12 meses (merlot, syrah y tempranillo) y Tinto Merlot Crianza Selección.

Los platos –deliciosos-, tras la degustación de quesos: Pan Bao relleno de guiso de rabo de toro, salsa kimchi y brotes de rabanitos; Y garbanzos cosecha Cortijo de Jara con pulpo en su crema. Los dulces vinieron del Monasterio Madre de Dios, de Sanlúcar de Barrameda. Un almuerzo justo en cantidad y excelente en calidad. El pan se elaboró en el obrador de Rafael Sánchez, de Algar.

Una interesante jornada que nos recuerda la importancia de la economía rural y de la vocación de sus emprendedores.