El pasado domingo al mediodía, asistimos en el Bar La Casapuerta a una interesante charla impartida por Carmen Segundo, licenciada en biología y profesora en el Centro Universitario de Enfermería Salus Infirmorum de Cádiz. El tema, la intolerancia a la lactosa, y el título “¿Qué leches me pasa?.

Tal como empezó diciendo Carmen Segundo, se trata de una pregunta muy frecuente, ante digestiones difíciles. La leche es tal vez el único alimento diseñado para ser eso, un alimento

La lactosa es un azúcar que se encuentra en la leche, junto a otras proteínas, caseínas, grasas y minerales.

Nuestro intestino delgado produce la lactasa, que la descompone en glucosa y galactosa, y ambas pueden ser asimiladas por nuestro organismo.

La lactasa se produce en la infancia, sin embargo, las poblaciones que se dedicaban a la ganadería en el proceso evolutivo han mutado, de tal forma que hay adultos que producen lactasa. En consecuencia, hay adultos que producen lactasa y por tanto pueden consumir y digerir la leche sin que se produzcan intolerancias.

Hay dos tipos de intolerancia a la lactosa: la de tipo primario (de los adultos) y de tipo secundario (tras una enfermedad o cirugía). En España, los intolerantes a la lactosa son aproximadamente un 25 % de la población, aunque con diferentes grados.

Los síntomas de la intolerancia a la lactosa más frecuentes son: dolor abdominal, náuseas, diarrea, abdomen hinchado, flatulencia y sudor frío.

Estos síntomas se producen porque la lactosa llega al intestino grueso sin descomponer, lo que atrae agua y provoca gases, de ahí la diarrea, la flatulencia, la hinchazón y el dolor abdominal.

Para medir la intolerancia a la lactosa, se suele usar un método consistente en medir la cantidad de hidrógeno exhalado tras consumir entre 25 y 50 gr. de lactosa pura. Aunque este método no es muy fiable, se suele diagnosticar la intolerancia solo con la presencia de síntomas tras la ingesta.

El tratamiento para las intolerancias es de tipo preventivo, y consiste en una dieta estricta sin consumir lactosa durante 4 o 6 semanas, y reintroducción poco a poco para determinar la cantidad de lactosa que se tolera sin producir síntomas. Es muy importante no consumir alimentos procesados, ya que suelen contener mucha lactosa.

Por ejemplo, los helados suelen contener mucha lactosa. En cuanto a los quesos, los curados son los que menos lactosa tienen. Los yogures realizados de forma natural no contienen lactosa si la fermentación se ha completado, pero los fabricantes suelen añadir leche en polvo o directamente lactosa para darles mayor consistencia.

Por último, hay que tener en cuenta que la lactosa se usa en muchos y variados alimentos. Nos la podemos encontrar en embutidos, salchichas, pan de molde, hamburguesas, gominolas, especias, salsas, etc.

Es muy importante leer bien el etiquetado.

En cuanto a los alimentos “sin lactosa” son los que llevan añadida en su composición la enzima lactasa, por lo que cuando los consumimos ya está transformada en glucosa y galactosa.

Y por último, concluyó que deberíamos revisar lo que comemos y no echar la culpa a un alimento concreto. Es decir, analizar cuantas frutas, verduras o legumbres están en nuestra dieta.