No hace mucho el telediario dedicó un reportaje al fenómeno del llamado “ayuno intermitente”. Al parecer, la práctica de dejar de comer durante unas horas al día, concentrando la ingesta en otras se está poniendo de moda y la gente corriente se permite el lujo no solo de practicarlo sino también de recomendarlo a sus contactos alegremente. Y ese es el problema.

Igual fama está cogiendo la práctica de realizar dietas détox, que además cuentan con muchas publicaciones y noticias, y que se manifiestan con el consumo exclusivo e intensivo de frutas o verduras, que supuestamente limpian el organismo de tóxicos y otras sustancias poco deseables, prescindiendo de otros alimentos.

Vivimos en una sociedad que disfruta de la abundancia de alimentos, porque son fáciles de conseguir, aunque no todos son saludables. Pero hay tal diversidad que podemos recurrir a mil modos de alimentarnos y “salvar el expediente”.

Atrás dejamos épocas en que la industria apenas estaba desarrollada y nuestra alimentación –la que yo conocí de pequeña- estaba compuesta básicamente por alimentos frescos que luego se cocinaban en casa. Los tiempos trajeron la evolución y ahora parece que casi todo lo comible es procesado.

Comprendo que nuestro cuerpo responda de un modo categórico a ese tipo de alimentación industrial, que a la larga nos ataca el organismo con malas digestiones, pesadez e insatisfacción, porque su escasa calidad nutricional no sirve para saciarnos. 

Por ello, creo que ayuno intermitente y dietas détox son un modo de responder a una cultura de la sobrealimentación.

Me causa tristeza el que tengamos que desestructurar los ritmos de ingestas diarios, cuando hay países con gente que solo puede comer una o dos veces al día, con dos o tres alimentos como mucho y con poco horizonte de cambio en sus vidas. En nuestra sociedad, nunca hemos tenido tanta información sobre los alimentos que nos rodean.

En cuanto a las dietas détox, explicadas y defendidas en libros, veo en ellas nuevos productos exóticos, que complican nuestro fondo de nevera y que poco hablan de cocinar. Por ello tiendas y lineales de supermercados ofrecen miles de preparados y suplementos.  

Es mi modesta opinión, con argumentos más culturales que científicos debido a mi ignorancia. Pero he comprobado que los dietistas-nutricionistas y los médicos especialistas no están por la labor de apoyar estas dos prácticas hechas por nuestra cuenta, difundidas para perder peso por ejemplo. Al parecer, pocos estudios avalan el ayuno intermitente, considerándose como riesgo para personas con trastornos alimentarios u otras enfermedades y, además, llevan al descontrol o el mal llamado “atracón”. Sin embargo, mucha literatura sale en su defensa con claros argumentos terapéuticos, que hacen que la gente los siga.

Durante muchos años se ha estado dando el mensaje de no saltarse jamás una comida y ahora nos rompen los esquemas.

¿Tan difícil es planificarse y administrarse lo que uno come y a sus horas, como decía mi madre?. Pues debe serlo por lo que veo. 

Fente: El Comidista