El nombre ya venía de otro local, ahora trasladado desde la entrada de Conil hasta el mismo centro. El actual Bocinegro es un restaurante luminoso y con decoración marina, que ocupa la planta baja de un hotel con encanto, Alzocaire, que también ofrece una deliciosa terraza con piscina y mesas altas, con vistas a la playa y a la instalación de almadraba en temporada. Puro Conil.

Sabedores del estilo de cocina de su responsable, Rocío Fernández Moreno, era cuestión de reservar allí. Y desde luego no nos defraudó: cocina tradicional hecha con seriedad y calidad, con un equipo de seis personas.

El aperitivo que pone la casa es remolacha aliñá, siempre de agradecer.

Lo primero fue servirnos la ensaladilla Petaca, fresca y bien presentada.

Las croquetas de gambones –formato redondo- también tuvieron nuestro visto bueno.

Y en cuanto a las tortillitas de atún , éstas recibieron toda clase de piropos: jugosas, bien fritas y riquísimas.

Milhoja de atún, con una atractiva presentación con frutas y hortalizas.

La cazuela de pescado, un plato tradicional que parece super conocido nos resultó más que novedoso, sobre todo las patatas que tomaron el excelente sabor del guiso. De hecho aplicamos una técnica para acabar con la rica salsa: añadir los picos triturados. Eso se llama aprovechamiento.

Finalizamos con un borriquete hecho al horno, un pescado riquísimo que nos reconcilió con la cultura pesquera de la zona.

Y en cuanto a los postres, pudimos probar un poco de todo: piña caramelizada, tiramisú con cacahuetes, espuma de tocino de cielo con coulis y una tarta de queso. Una buena carta de postres hechos por el equipo de Bocinegro.

Fue un almuerzo muy agradable, con una jefa de cocina pendiente en todo momento a nuestras dudas y preguntas y con un servicio de sala correcto. La cocina de Rocío Fernández Moreno fue todo un éxito. Y este modelo gastronómico no debería nunca pasar de moda.