El confinamiento cogió a la enseñanza hostelera a mitad de curso y hubo que terminarlo de modo telemático. Llegó octubre y comenzaron las clases con toda clase de precauciones, alternando las presenciales y las virtuales. Hace pocas semanas ha reabierto su comedor escolar (para alumnos y público vinculado al Centro) y se ha recuperado la actividad de los fogones en la Escuela Superior de Hostelería de Sevilla, dos veces elegida la mejor de Europa. Allí estuvimos el viernes pasado, previa reserva, para almorzar.

A las 13.30 se abren las puertas del comedor y ya está todo el mundo en sus puestos: el jefe de sala, los camareros, los encargados de las comandas, y las mesas dispuestas con servicio de cubiertos y adornos, con la separación pertinente por la pandemia. También están preparadas las mesas en una de sus magníficas terrazas frente al río, que además de paisaje impagable ofrece al comensal un punto más de seguridad por poder comer al aire libre.

La Escuela de Hostelería de Sevilla elabora un menú distinto para cada día de la semana, de lunes a viernes, a un precio muy ajustado. También cuenta con un menú de degustación a un coste superior, que tenemos pendiente probar. En cualquier caso, es un buen lugar para comer y aprender. Por desgracia, muchas escuelas de hostelería no pueden gestionar estos comedores por causas burocráticas o económicas, cuando son la mejor herramienta pedagógica para los estudiantes y un modo de ganar prestigio entre el público.

Al decantarnos por menú del día y para no repetir, cada uno pidió un plato distinto de los propuestos en la carta que vimos gracias al código QR:

De entrante nos pusieron una tosta con verduras riquísima.

1.- Gallets rellenos de langostinos en su jugo.

2.- Crepes de remolacha con ricota, espinacas y pasas.

3.- Solomillo relleno de frutos secos al P.X.

4.- Merluza al pil-pil y licuado de ensalada.

5.- Tarta y bizcocho de chocolate con vainilla y frutos secos.

6.- Buñuelos de viento.

No hay más que ver las imágenes de los platos para comprobar la profesionalidad de la cocina escolar, perfectamente dirigida por el jefe de cocina, Fermín López Viñuales, con una gran experiencia hostelera y docente.

Ha sido el mejor almuerzo que hemos realizado en la Escuela. Disfrutamos con el emplatado, los sabores y la creatividad del acabado. 

Comer en una Escuela de Hostelería es una opción interesante por calidad, a buen precio y por disfrutar -como en este caso- de un entorno de belleza y organización.