El pasado miércoles finalizó en Huelva el I Congreso Gastronómico Iberoamericano, Binómico. Durante tres días, han pasado por allí cocineros, productores, comunicadores, bodegueros y emprendedores gastronómicos de 22 países de un lado y otro del Atlántico, en busca de una sola cocina de encuentro cultural. Ha sido una muestra interesante de la gastronomía de habla hispana, de sus características comunes, su pasado, presente y futuro. Y, sobre todo, ha situado a la capital onubense en el escenario de los eventos gastronómicos, tras el intento fallido del año que fue elegida capital gastronómica. Huelva necesita este tipo de celebraciones para mostrar su potencial culinario, tal vez el más completo de Andalucía.

Junto a las ponencias, se desarrollaron en paralelo una serie de talleres culinarios, además de algunas muestras de cocina en directo en las plazas del centro de Huelva, que permitieron interactuar al público. También se decoró la ciudad con motivos gastronómicos (por ejemplo atunes realizados por diferentes artistas, de las recientes Jornadas del Atún de Isla Cristina) y con puestos de productos gourmet de la provincia.

Pude asistir a un taller organizado por la IGP Garbanzos de Escacena, a cargo del cocinero Paco Méndez (de Espacio Zenobia, en Moguer), que preparó unos garbanzos con choco y setas, y unas tortillitas de camarones. Soy una gran defensora de los garbanzos, que se ponen todos los miércoles en mi casa. Y los de IGP Escacena son mis favoritos para potajes y pucheros, porque además los encuentro fácilmente en las tiendas tradicionales.

En palabras del cocinero Méndez, los garbanzos de Escacena doblan su volumen con el remojo previo. Y en la receta elaborada en esta ocasión, explicó que las hortalizas añadidas iban en crudo, y no se trituraban después.

Los garbanzos llevaban: pimientos, tomate, cebolla, chocos, setas (boletus deshidratados), gambones, comino, pimentón y sal. Los gambones van al final.

Y las tortillitas de camarones, con sus camarones vivos, harina de garbanzos y de trigo, a partes iguales, perejil, cilantro y su agua y sal. La masa se preparó allí mismo, se frió y se degustó.

Un taller dedicado a los únicos garbanzos certificados con IGP de Andalucía, que llenó la sala de público, y que son de un tamaño superior al resto. Un ingrediente ideal para las dietas veganas y vegetarianas. Su consumo ayuda a reducir el riesgo de diabetes, a bajar el colesterol malo y a protegernos contra enfermedades cardiovasculares, beneficiosos para el hígado, los huesos y protector celular, evitando también la anemia y ayudando a eliminar grasas. 

Este garbanzo se cría en suelos arcillosos, con alto nivel de potasio. La zona de cultivo y producción de este garbanzo IGP Escacena es la antigua comarca histórica conocida como Campo de Tejada, un territorio de campiña entre las provincias de Huelva y Sevilla, cercano al Parque Nacional de Doñana. Tiene un microclima generado por la brisa marina del Atlántico en su maduración, mucho más lenta. De ahí que se obtenga este garbanzo de blandura, cremosidad y finura, blanco y lechoso.

Las localidades incluidas en esta IGP son once: Escacena del Campo, Paterna del Campo, Villalba del Alcor, Manzanilla, La Palma del Condado, Villarrasa, de Huelva. Y Castilleja del Campo, Aznalcóllar, Sanlúcar la Mayor, Albaide del Aljarafe y Olivares, en Sevilla.