Del local a la plaza “muchos kilómetros recorridos”, comentaba el camarero. Las mesas de la terraza estaban un poco alejadas, pero eran absolutamente necesarias como desahogo del bar restaurante LaCandela, constreñido entre un cruce de vías estrechas, y pedía aires contra los contagios y, sobre todo, por la tranquilidad del cliente.

Por fin pudimos reservar en la terraza de LaCandela, en la plaza de la Candelaria, donde se perdió el convento de su nombre, frente a la Casa Oviedo, hoy residencia de mayores y antes «vivienda formativa» del libertador de Chile, Bernardo O´Higgins. La plaza y sus bancos acogieron el noviazgo de mis padres.

El establecimiento estaba completo, pero pudimos cenar con la condición de llegar muy temprano (éramos dos y eso aligera los tiempos); es  cierto que la cocina y el servicio cumplió rigurosamente con los ritmos. El verano de Cádiz está siendo realmente intenso en público en la hostelería (estamos de moda) y LaCandela sigue fiel a su estilo y su calidad.

Antes de las nueve estábamos ya sentados en la terraza con la cerveza servida, artesana, Destraperlo, etiquetada especialmente para el establecimiento.

Nuestra cena:

Salmorejo de coco con pescado frito, yo diría que espectacular, lo que más nos gustó. Rollitos vietnamitas de mejillones fritos, otro gran plato. Las croquetas de la abuela, en este caso de chicharrones, magníficas. Y el perrito de chocos fritos nos encantó.  La tarta de queso tradicional cerró como postre nuestra cena. 

Tienen el tinto Garum (Bodegas Luis Pérez) por copas, entre otros.

En resumen, LaCandela continúa con su cocina cosmopolita, con base de los mejores productos nuestros y muy bien tratados. El equipo de sala y cocina trabaja con buena organización y está claro que ha sabido responder a la sobrecarga de trabajo que ha traído este verano, sin dejar de lado la calidad.

Son ya nueve años desde su apertura. Comer en su terraza es un aliciente más en una zona histórica de Cádiz, pero el interior de su local siempre nos hizo sentirnos a gusto, por la decoración y la cantidad de objetos curiosos que llenan sus paredes. Un sitio singular, hoy ya consolidado dentro de esta nueva generación de cocineros que, afortunadamente, tenemos en la ciudad.

“Porque la cocina es amor, es intención de agradar, de gustar y de querer”, decía su mensaje de apertura y sigue estando de actualidad.