Del 31 de mayo al 4 de junio se ha celebrado en Sevilla el I Congreso de Gastrosofía, en un escenario tan singular como la antigua Real Fábrica de Artillería, ejemplo de monumento a la arquitectura industrial, con las restricciones de aforo que exige el protocolo anti-covid.

El encuentro ha sido organizado por la Asociación LaPlasita Proyectos, con el objetivo de analizar el reto de alimentar a los habitantes de las grandes ciudades, ante los graves desafíos del cambio climático y la crisis energética.  

Catedráticos, profesores de Universidad, titulados agrónomos, activistas, formadores en agroecología, políticos, ejecutivos de la distribución alimentaria y de la salud, incluso artistas plásticos, productores ecológicos y técnicos en urbanismo, han puesto en común sus diferentes visiones ante el reto de alimentar a las grandes urbes, en la dicotomía campo/ciudad, una de las claves de nuestros tiempos.

En la primera jornada del Congreso participaron representantes de los PRODUCTORES/la INVESTIGACIÓN y la PLANIFICACIÓN.

Se habló del mundo de los huertos urbanos y sus productos agroecológicos, desde la formación y el activismo, con Renato Álvarez (ingeniero agrícola, Red de Huertos Urbanos). Se recordó la visión de estos huertos como objeto de ocio para mayores y jóvenes con necesidades especiales. Y se propuso que en la lucha contra el cambio climático estos espacios sean unas mini-estaciones meteorológicas, que sirvan para medir los ciclos de la naturaleza.

La profesora de la Escuela de Ingenieros Agrónomos Itziar Aguirre definió la alimentación como un asunto interdisciplinar, con el objetivo de la sostenibilidad alimentaria, debido al alto consumo energético y la deslocalización de los alimentos (kilométricos en nuestra dieta). Subrayó que los términos reducción, reciclado y reutilización ya son del siglo XX. Ahora debemos gestionar la relocalización, redistribución, reevaluación y recontextualización en nuestra dieta. Y, por supuesto, consumir siguiendo los ciclos de la naturaleza (concepto de nímesis, en local, lento y bueno en justicia social).

Recordó que reduciendo el consumo de carne (la industrial, no la extensiva), bajaría el CO2 (menos comida extranjera, a granel, sin envases y disminuiría el efecto invernadero).

Y nacería una nueva profesión: la de MAESTRO COMPOSTADOR.

(Continuará…)