Hace muchos años que conozco a Carmen Ibáñez, periodista gaditana profesionalmente hecha. Fue a través de su paso por la comunicación gastronómica, donde brilló especialmente, dando en la tecla del matiz exacto a la hora de contar. Crónicas, opinión y alguna que otra entrevista a personajes de primer orden en la gastronomía, le hicieron crear un estilo propio y serio. Otra mujer interesante para nuestro blog. 

 

¿Cuántos años en el periodismo?

Llevo unos 13 años trabajando como periodista, desde que empecé a hacer prácticas en el Diario de Cádiz antes de licenciarme. Muchos de ellos dedicados a la gastronomía, y también gabinetes de prensa, redacción publicitaria… Intento tocar todas las opciones.

¿Qué es lo que más te gusta contar?

Lo que más me gusta son las crónicas y las historias personales. Poder aportar mis vivencias al profundizar en los temas, poner el foco en lo que hay tras cosas cotidianas, y aprender en el proceso. Desde pequeña me aficioné a leer la revista ‘National Geographic’, me fascinaban sus reportajes sobre otras culturas.

Son malos tiempos para la profesión…

El periodismo tiene que hacer un cambio de modelo. Encontrar el equilibrio entre ser rentable y ganar calidad. Adaptarse a las nuevas audiencias y a las futuras, que apenas leen, y consumen la información de otra manera. Estos son solo algunos de los retos a los que se enfrenta el periodismo, hay mucho que cambiar.

Has dedicado muchos años al periodismo gastronómico. ¿Es el más gratificante para ti?

Me ha permitido conocer a gente estupenda con historias muy interesantes, y apreciar el valor cultural de la alimentación a lo largo del tiempo. Esta es la parte que más me gusta del periodismo gastronómico, pero es una vertiente común a muchos otros temas antropológicos que quizás capten más la atención de un público que busca algo más que saber que ha abierto un restaurante nuevo.

¿Cuál es el papel del periodista o su influencia en la información gastronómica?

Lo más importante para mí es que el periodista esté lo más alejado posible de la parte comercial de un negocio editorial, en todas las especializaciones. Esto es complicado, puesto que la publicidad es el pilar que financia la prensa. Un periodista gastronómico puede contar una historia, informar o recomendar un lugar. La influencia y fiabilidad del periodista deberían estar ligadas a su independencia y conocimientos, pero no se valora como algo importante.

Me gustaría que hicieras una defensa del periodista profesional.

Aquí habría mucho que discutir. No hay que olvidar que además de ser un profesional de la información que ha aprendido a comunicar con responsabilidad, ha invertido mucho tiempo y dinero en su formación. Que ese esfuerzo no sirva para nada laboralmente, es muy común en el periodismo. La profesionalidad, se ha de pagar, y somos los propios periodistas los que tenemos que ponerla en valor.

¿Podrías comentarnos cuáles son tus proyectos o ilusiones?

Encontrar una forma de trabajar que aporte algo a la sociedad, que sea honesto y positivo. Esto puede ser dentro o fuera de la gastronomía, o incluso del periodismo si no pudiera ser así. En estos tiempos tan convulsos me han permitido reflexionar sobre lo banal.