Por segundo año organiza el restaurante LALOLA sus Jornadas de Legumbres. Una iniciativa digna de agradecer por el común de la sociedad, cuando un chef tan interesante como Javier Abascal presenta unos platos deliciosos con las legumbres de cercanía. Allí estuvimos almorzando y disfrutando de estas recetas tradicionales que nunca –espero- pasarán de moda.

Varios años lleva el restaurante LALOLA en este nuevo emplazamiento, desde su apertura en el barrio de Los Remedios en dónde sí estuvimos más de una vez. Javier Abascal es uno de los cocineros punteros de Sevilla y así nos lo demostró su cocina. Se ubica ahora en los bajos de un palacio barroco del siglo XVIII, que perteneció a los marqueses de Valencina y los marqueses de la Motilla, ahora rehabilitado integral y respetuosamente y convertido en hotel de 4 estrellas, en sus 3 plantas superiores. Se han conservado y recuperado la belleza de los artesonados, puertas, galerías, paredes, suelos y techos. Y aún está el blasón familiar del primer descansillo del tramo de escaleras.

Dicho esto, decir que el restaurante propiamente dicho se dispone en un reservado en planta baja y en un patio, que hoy guarda la separación entre mesas por las restricciones del covid-19.

Ya metidos en faena gastronómica, decidimos probar un par de entrantes: la ensaladilla Lalola, famosa, que lleva la singularidad de un huevo frito atemperado, y que le aporta un matiz prolongado impensable. Y compensamos con unas albóndigas de ciervo al oloroso, riquísimas.

Y atendiendo a las protagonistas de las cartas, judías pintas con perdiz (textura de rissoto), magníficas y unos garbanzos con menudo de bacalao, espectaculares.

El vino –tinto, sevillano, Bodegas Colonias de Galeón, Sierra Norte-, lo conocimos allí mismo, pues pertenece a la nueva época de la bodega, con nueva dirección. Lleva Tempranillo, Cabernet Franc, Syrah y Garnacha, con 7 meses en barrica y es ecológico. Una buena propuesta.

Dejamos hueco para el postre, que compartimos: pastel fluido de chocolate negro, y tarta mousse de limón.

Nuestra estancia en Lalola fue de lo más agradable: lugar con el ruido justo, servicio amable, arquitectura histórica y un chef que salió a saludar a su clientela. Todo ello nos dejó un buen sabor de boca, nunca mejor dicho.