Aunque yo titularía “Comer sano y lo menos caro posible en 10 pasos”, dado que el presupuesto en alimentación es de lo más elástico que hay, eso decía mi madre. De todos modos, estoy de acuerdo en lo que indica en su video el destacado nutricionista Aitor Sánchez, si bien para mí falta el último y más importante: HAY QUE COCINAR EN CASA, trabajar en la cocina, te guste o no, para comer bien, claro.

Este mensaje, el de comer sano, se transmite constantemente y en general sugiere –hay quien así lo entiende- que para ello hay que hacerse con productos exóticos y novedosos, incluso con suplementos. Viene a ser un poco de esnobismo culinario diría yo.

A lo que iba: en el video de Aitór Sánchez, dentro de su proyecto Mi Dieta Cojea (imprescindible), expone diez pautas a seguir para comer sano al mejor precio, y son muy éstas:

1.- Evitar la rutina de la bollería industrial. Por cierto, es lo más barato y nunca podrá competir con los dulces artesanales por llevar ingredientes de poco precio y baja calidad nutricional. Lo mejor, el pan integral para desayunos y meriendas.

2.- Comprar alimentos sostenibles, de temporada y cercanos, que son los que están a mejor precio y en mejores condiciones. Un mal ejemplo de ello son las frutas que vienen de fuera, bastante más caras que las nacionales.

3.- Introducir la fruta fresca siempre de postre en casa. Cuando compramos envasados estamos pagando un mal producto y el coste de un envase sea plástico o cartón. Lo de la fruta es cuestión de acostumbrarse.

4.- Seleccionar bien la fuente de proteínas, que serían carne, pescado, lácteos o huevos. Para las carnes, comprarlas sin envasar directamente del tendero. Para el pescado tenemos algunos muy baratos como la caballa o los boquerones, que deberíamos saber cocinar. En el caso de los lácteos, la leche y los yogures naturales son los más saludables,  y los huevos nos sirven para muchas elaboraciones y platos. Y por supuesto, hay que hacer una reverencia a las legumbres, y sobre todo a los garbanzos, que aportan proteínas de origen vegetal muy interesantes. Eso sí, hay que guisarlas.

5.- Para los casos de pobreza o limitaciones energéticas, hay que aprovechar las ollas rápidas y de buen tamaño, que por un lado ahorran energía y por otra permiten cocinar para varias veces (lo llamo guisoteo semanal).

6.- Comprar marcas blancas. Sobre todo en productos semiprocesados como pasta, lácteos y legumbres, que suelen conservar una buena calidad y se presentan a buen precio.

7.- Decidirse en la cesta de la compra por los productos no manipulados, pues son más caros, bajo el argumento de que nos facilitan la vida y nos ahorran tiempo. Léase verduras envasadas o salsas.

8.- Elegir bien los hidratos de carbono, huyendo de los alimentos superfluos. Por ejemplo mejor patatas (cocidas en casa) que pan como acompañamiento en las comidas.

9.- Suprimir las bebidas y refrescos en las comidas, colocando la jarra del agua en la mesa. Esto siempre da resultado. Y además la cuenta del super lo demostrará.

10.- Planificar las comidas. Es el mejor remedio contra el desperdicio y el deterioro de los alimentos almacenados en casa. Todo ello, partiendo de menús reales y bien presentados para todos los días de la semana.

Ah! y junto a la obligación de cocinar yo añadiría lo de emplear aceite de oliva virgen extra bien administrado en la cocina; ya sabemos que es más caro que los otros aceites, pero merece la pena por salud, que hay que cuidarla porque su falta también cuesta dinero.