Más allá de enviar felicitaciones a nuestros amigos y contactos –virtuales o reales- quería dar gracias a la misma navidad, a ella personalmente. Es la que nos reúne a todos cada año –de pensamiento o de encuentro- alrededor de nuestro propio mundo, tan escondido del resto. Y este año, triste, duro, cruel e incierto año, tengo que agradecer haber llegado hasta aquí y poder contarlo, mejor escribirlo.

En la parte trágica, un abrazo y un recuerdo a los que han perdido a alguien o lo han vivido de cerca por esta maldita enfermedad. Un recuerdo a los que han perdido su trabajo, su dinero o su independencia económica y doméstica. Ayudemos todos a mejorar el ambiente.

En la parte agradecida, un abrazo a los que comparten con nosotros la gastronomía, la cocina, el disfrute culinario y las ansias de un mundo mejor a través de la cocina. O sea, a las personas de buena voluntad.

Y en la parte positiva, el deseo de que nos dejemos llevar un poco más por las buenas intenciones, los sanos pensamientos, sin olvidar ser firmes ante los abusos de grandes y poderosos a pequeños y desvalidos. Algo habrá que hacer.

Es la misma navidad, la de siempre, la de los años que hemos vivido y la de los años que hemos perdido, aunque nosotros no seamos los mismos. La navidad es generosidad frente a la desigualdad, o la mala suerte de nacer en países de malos gobiernos que se eternizan, o junto a egoísmos artificiales porque sí. Navidad es recordarnos cómo estamos viviendo nuestra propia vida y qué estamos haciendo para mejorar la de los demás. La navidad es el fruto de un mensaje cristiano, no lo olvidemos. 

¡Feliz navidad a todos!