Una venta es una venta mientras no se diga lo contrario. Tendrá puntos comunes con otros establecimientos más jóvenes en edad y con un enfoque hacia la innovación, imaginación y puesta en escena más o menos efectiva. Pero la venta –por definición- debe conservar su esencia, aunque actualice su estilo y su imagen. Esto es muy de agradecer frente a quienes identifican tradición con mala presentación y falta de mantenimiento en instalaciones y esencia de cocina.

Cuento esto porque el pasado sábado llevamos a cabo nuestra tradicional “peregrinación” veraniega a la Venta Melchor. Ya luego, en otoño-invierno, procuraremos visitarla con motivo de sus jornadas del calamar de potera, o del cuchareo. Siempre es un placer dejarse llevar por la cocina de Petri Benítez.

Pero me olvido de lo más importante: el plato de garbanzos de Naveros (pedanía de Vejer famosa por la calidad de sus garbanzos) con rabo de ternera retinta que  elegí de la carta. Evidentemente, el aire acondicionado de la terraza de la Venta me ayudó a sobrellevar el potaje y todo lo demás. Aunque la verdad, éste llevaba la temperatura apropiada para saborear y seducir. 

Unos garbanzos untuosos, tiernos, finos al paladar, con la compañía justa del hueso y su revestimiento, me convenció de que las legumbres elaboradas en buenas manos nunca pasarán de moda. Otros platos de la mesa fueron el atún encebollado –con fama- y el San Jacobo –ascendido a los altares gastronómicos desde hace tiempo en la Venta Melchor- .

Fue un almuerzo anclado en lo tradicional, en la cocina de la provincia gaditana y su temporada, con sabores equilibrados, discretos, evocadores, pero inolvidables. Aquí se mima la cocina como en pocos sitios y eso se nota.

Y por no olvidar en esta entrada, el excelente paté de perdiz de La Janda, las croquetas del cocido con chorizo, las papas con alioli, las pavías de merluza y la tarta de queso El Gazul con fresas de Conil.

La Venta Melchor –por su denominación de establecimiento Kilómetro Cero- trabaja con productos de cercanía. Una cocina gaditana en perfecto estado de revista en transparencia y calidad, gracias al mimo de las manos de Petri Benítez. Aquí parece que cada plato está especialmente hecho para ti.

Los garbanzos me sentaron estupendamente, por cierto. Nada de pesadez ni de mal recuerdo.