Nuevamente la página Directo al paladar me sugiere un asunto para actualizar mi blog, y sobre algo que es de pura actualidad en nuestras cocinas domésticas (y a veces también en la cocina profesional). Son las fiambreras, compañeras de nuestro trabajo culinario, material imprescindible para guardar, congelar, descongelar y transportar nuestros alimentos, nuestros almuerzos o nuestras cenas y aliadas contra el despilfarro por aquello de recoger las sobras. De eso quiero hablar hoy.

La realidad es que no todo el mundo puede comer en casa a diario, por falta de tiempo, por exceso de distancias y horarios que suponen las jornadas laborales. Aunque esto no exime al personal de cocinarse su propia comida.  De ahí que sea importante cocinar y guardar para llevar al lugar dónde comer. Siempre será mejor que comer en la calle por costumbre, creo yo. Surge la necesidad del uso de fiambreras o “tupperwares”, anglicismo que a mi personalmente no me gusta usar. Así que fiambreras.

Pero no todas las fiambreras son iguales en calidad, uso, formato, material, tamaño, etc. Y merece la pena que nos paremos a analizar y comparar para luego elegir. No sé vosotros, pero cada vez tengo más fiambreras en mis muebles de cocina, y algunas incluso en otros muebles de la casa. Y es que a lo largo de los años he ido heredando fiambreras de mi madre, de mis tías, etc., y algunas son regalo de mi familia y amigos y llevan conmigo más de treinta años. Y se me hace complicado  almacenarlas con cierto orden, la verdad.

El artículo de Directo al paladar al que me refiero habla en primer lugar sobre las fiambreras más adecuadas para llevar la comida al trabajo. Hay personas muy organizadas que se dedican a cocinar los fines de semana para congelar y tener platos disponibles de lunes a viernes. Eso está bien. Pero una vez descongelados, habrá que calentarlos en el microondas y consumirlo en las fiambreras directamente o en un plato.

Aquí surge el problema de las interacciones entre el plástico y los alimentos, es decir, de posibles transferencias de sustancias del plástico a la comida (de esto se habla mucho últimamente según estudios realizados). Esta cuestión se pone en evidencia si calentamos las fiambreras en el microondas. Yo personalmente, siempre vierto el contenido de éstas en el plato que irá luego a la mesa. Me da igual que el material de la fiambrera sea apto o no para el microondas.

El reportaje acompaña una lista de símbolos que figuran en la base de las fiambreras, indicando sus usos (aptos para alimentos, para lavavajillas o para el microondas). Aluden a unos códigos peligrosos que son los números 3 ó 6, hoy prohibidos para la comida de los bebés (y supongo que para adultos también podrían ser peligrosos).

Concretando, las fiambreras nos sirven para conservar y congelar con seguridad, pero habría que evitar su uso para el microondas. Yo esto lo tengo muy claro, excepto para las que son de cristal.

Sobre la higiene de las fiambreras, decir que en casa siempre los meto en el lavavajillas, porque pienso que es dónde mejor quedan. Eso sí, sin pasarnos en la temperatura de lavado. Por supuesto, siempre compruebo que pueden cerrarse bien, comprobando que podré usarlos sin riesgo de derrames y de mejor conservación. Las fiambreras con raspaduras o desconchones tienen mala pinta y creo que es mejor tirarlas. La verdad es que nos va bien con el lavavajilla.

Tengo claro que las fiambreras de cristal son lo mejor: más limpias, fáciles de limpiar y de gran duración. Pero por el contrario, pesan más y son frágiles en el caso de transporte, cosa que también hay que sopesar. Además, suelen ser más caras.

Concluyo diciendo que cada uso o situación requiere una fiambrera distinta. Yo por ejemplo tengo la de los pimientos asados, la del pisto, de las patatas aliñadas, y, para congelar, las fiambreras de dos raciones (justas), y la de raciones individuales (me dan mucho juego). Pero siempre caliento sobre el plato, nunca en las fiambreras. Y en cuanto a la forma, mejor las fiambreras con forma cuadrada, pues aprovechan mucho mejor el espacio en la nevera.

En fin, un tema muy interesante para la organización de nuestra cocina.