El Atico de los Gatos 6Después del artículo de Montiel de Arnaiz, no sé cómo me atrevo a escribir sobre el mismo tema. Creo que lo ha dicho todo y además con exactitud. Resulta que el jueves pasado tenía un compromiso anterior que se prolongó más de lo esperado y no pude asistir, como tenía previsto, a la presentación del número 6 de la revista El Ático de los Gatos, que tan acertadamente dirige mi amiga Rosario Troncoso.

Me perdí un acto que –como en los anteriores números- no deja a nadie indiferente, además de reunir a la mayoría de los autores participantes en la publicación, gente joven de sensibilidad e inquietudes. Pero bueno, me pude hacer con un ejemplar, que de momento completa la colección publicada hasta el momento, de esta revista cultural que ya es un ejemplo editorial en contenido, diseño, variedad, actualidad, maquetación, creatividad y atractivo literario. Un lujo.

He tenido el honor de escribir en casi todos los números de El Ático de los Gatos, en el apartado de gastronomía, que es lo mío, más que de literatura pura. Los autores de la revista somos ya un colectivo selecto por identificación, amistad, encuentro, compromiso, descubrimiento, disfrute y creación gaditana, en dónde cada uno aporta un pequeño trozo cultural de sí mismo.

Hojeando y leyendo El Ático de los Gatos, junto a su evolución desde el número 1, comprende uno lo que es la gestión cultural en sí misma: crear un todo con marca propia, a partir de lo disperso y separado, unir a un grupo de personas siempre abierto a nuevas incorporaciones, y atento a nuevas ideas, nuevas letras y nuevas ilustraciones.

El Ático de los Gatos nos hace felices cada vez que nos perdemos entre sus páginas, son pequeños momentos, breves historias, cortas poesías, ajustadas entrevistas, sucintas opiniones, fáciles recetas, pero suaves chispas que nos hacen creer en la cultura nacida en un ático de difícil acceso por sus estrechas escaleras, pero que una vez allí arriba comprobamos que se está en la gloria, porque el aire es más puro.

Gatos caseros que guardan ventanas, arrullan almohadones, calientan suelos de madera, y que, sobre todo, alientan la literatura y mueven la creación, en una sinergia inesperada de todos sobre sus páginas.

El Ático de los Gatos fue una creación de Rosario Troncoso, pero ya es de todos nosotros.