Siendo una de Cádiz-Cádiz, busco aquí la manera de comunicar esta crónica al estilo jerezano, porque es lo apropiado para trasladar el ambiente y las emociones festivas vividas el pasado viernes en todo el centro de Sevilla. En la calle Rosario, en una esquina poco frecuentada a pesar de su magnífica ubicación, el joven empresario gaditano Agustín Bonilla ha creado una delegación de Jerez en la capital andaluza, con el mejor ambiente de los tabancos, un producto de personalidad. El Tabanco viene a brillar con luz propia en las mañanas y las noches de esta gran ciudad, maridadas con los vinos de las Bodegas Sánchez Romate y con la gastronomía más auténtica. Creo que como tal, lo tiene todo.

Las primeras fotos en la puerta, con nuestros amigos de Apoloybaco, la gran referencia gastronómica de Sevilla que en unos días cumplen doce años de vida. A la entrada del local, un venenciador elegante servía finos  en el catavino jerezano. Era el momento de inspeccionar del local. Nunca pensé que fuera tan espacioso. Además de una barra con esquina, un habitáculo para los barriles, un vestíbulo para la tertulia, cuenta con un magnífico patio de columnas, que se presta para todo tipo de eventos y sobre todo de espectáculos flamencos (ya estoy imaginándome una zambomba navideña….).

Con el primer sorbo empezamos a conocer a blogueros sevillanos, asociaciones gastronómicas, aficionados a la gastronomía, al vino, a todos estos resortes tan básicos y sin embargo tan refinados. Creo que el vino, la reunión, el flamenco y las miradas a los ojos cristalizan nuestro vivir de alguna manera. Por cierto, no he mencionado que me puse los primeros zapatos cerrados de tacones del otoño 2013.

Amigos blogueros venidos desde Rota, Conil, Triana, Brenes, Cádiz, El Puerto de Santa María o Sevilla nos saludamos por primera o enésima vez, mirando al punto común de comunicar estos pequeños y grandes eventos en la hostelería, que dinamizan la vida diaria de una ciudad para los de siempre y para los visitantes.

Bandejas de jamón del bueno empiezan a circular por el local, en manos de camareros jóvenes aunque sobradamente eficaces. Mojama, boquerones en vinagre, cazuelitas de berza, tostas de bacalao…, nos acercan al  puro Jerez de buenos vinos y platos, un estilo exportable sin duda.

A eso de las diez aparece la artista prometida: Carmen de la Jara, con el magnífico y joven guitarrista Juan José Alba, convocando a los muchos asistentes alrededor del patio de columnas. Yo, previamente, informo del perfil de la cantaora a quienes no la conocen todavía. En Cádiz, Carmen es una artista puntera, premiada y querida.

Un mirabrás gastronómico, alegrías murallistas, tangos familiares, bulerías de locura, fandangos con mensaje y sevillanas triunfalistas, llenaron una actuación más que brillante de Carmen de la Jara con un público disfrutando (a mí se me iban los pies evidentemente). El fondo musical era Cádiz-Cádiz, porque la vibración de la voz era la protagonista junto al compás tan nuestro, y los cantes se quedaron incrustados en las paredes de El Tabanco, que ya empieza a tener curriculum en Sevilla.

Las bandejas empiezan a traer buñuelitos con vinos dulces y olorosos y aquello subía de ambiente. El Tabanco puede con todo.

Un reto acaba de instalarse con el proyecto de este nuevo establecimiento, porque El Tabanco es algo más que un local de hostelería, lleva la filosofía de Jerez incorporado. Traer todo este equipaje inmaterial hasta el centro peatonal de Sevilla es muy fuerte. Poner todo Jerez en el asador es un bello riesgo que muchos van a compartir. A mí me trae recuerdos de otros locales de mis principios en esta ciudad, que se han ido perdiendo como auténticos y que ahora están hechos a la medida de los turistas. La hostelería del siglo XXI exige algo más: local y servicio adecuado, productos de calidad y detalles improvisados pero con excelencia (cocina y música).

A punto de dar las doce salíamos rumbo a casa, cuando en el vestíbulo previo al patio se juntan un grupo de buleristas con guitarra, palmeros expertos y un cantaor: Manuel de la Momi. Y entonces, comienza el Jerez puro, el que termina con el suspiro de los palmeros, porque ya el cantaor lo ha dado todo. Bailes improvisados a modo de fiesta. Nos hemos ahorrado 80 kilómetros para ver esto. Im-presionante.

La despedida –nuestra que no la de los jerezanos artistas- incluye saludo al gerente de El Tabanco, Agustín Bonilla, primero como agradecimiento por su invitación y luego como enhorabuena a su proyecto. Creemos que ha elegido sabiamente el producto y el lugar. Sevilla quiere a Cádiz y a su provincia.

Una delegación importante de Jerez funciona ya en Sevilla, desde temprano hasta la madrugada. El Tabanco es un modo de convivir y de relacionarse.

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