Hay que ser positivos: cocina y gastronomía gozan de buena salud en muchas de nuestras familias, afortunadamente. Considerando un grupo piloto al formado por padres (o abuelos), hermanos y cuñados, y que todos ellos estén ya en la edad adulta, creo que muchos de los temas de conversación de estas personas van a girar alguna o muchas veces alrededor de la comida, en casa o fuera de ella; es decir, de productos alimenticios y de recetas de cocina, y también sobre el modo de guisar de cada uno de ellos, destacando su propia especialidad. Así, hay quien domina el arroz, el pollo, el pescado al horno o la carne mechada, y su receta es alabada por los demás como un rico tesoro individual que luego llegará al grupo en forma de disfrute en las comidas familiares. Escribo este pequeño artículo de opinión sobre este “boca a boca” familiar que hace que el clan comparta habitualmente conocimientos culinarios.

Y lo digo como experiencia propia: tal como he venido contando aquí en varios posts, asistí en junio a un curso de cocina sana y saludable impartido por la Escuela de Hostelería de Sevilla. Durante cuatro mañanas aprendí algunas recetas fáciles y muy apropiadas para hacer en casa con criterios de salud, así como diversos consejos para cocinar y comer mejor. Pues bien, mis hermanas y mi cuñada han elaborado esas mismas nuevas recetas traídas del curso, y están encantadas de los resultados obtenidos.

O sea, que la cocina familiar tiene un gran efecto transmisor, yo diría que casi exponencial, porque por cada receta que he ido pasando son cuatro o cinco las personas -familias y amigos también- que luego las harán en sus casas. Y por no hablar de los lectores del blog, que doy por hecho que alguno que otro también cocinará lo que aquí se cuenta e incluso repetirá, siempre que les haya gustado el resultado. 

A lo largo del tiempo se transmiten aquellas recetas de nuestras abuelas o de nuestras madres de resultados demostrados, pero también aquéllos platos nuevos que algún miembro de la familia ha aprendido, y que está dispuesto a compartir con los demás. 

Tal vez sea una tontería lo que estoy diciendo, pero la verdad es que el boca a boca en la cocina familiar, -también en las redes sociales-, tiene un gran poder de contagio, y a mí se me antoja que esta buena corriente de influencia debería contrarrestar todos aquellos malos ejemplos alimentarios que se dan al mismo tiempo hoy en nuestra sociedad, a base de precocinados y productos poco saludables. Al final, los grupos humanos suelen hacerse con un estilo propio de cocina que lo identifica.

Razón de más para difundir la buena cocina entre los más jóvenes…..