La presentación fue el 5 de diciembre pasado en el FNAC en Sevilla. Desde entonces tengo el libro pendiente de leer y mira que no es precisamente extenso. Con mucho retraso, me lo llevé al sofá a finales de agosto tras los almuerzos y, en poco tiempo lo devoré con interés. Su autor, un joven profesor de instituto, Fernando Fedriani Martel, es pariente mío como dice su apellido. Ésta es su segunda novela, tras “Menta y Nata”, que también me está esperando en el sofá. La culpa es de tanto libro de gastronomía, recetas y artículos de prensa que me chupo a lo largo del día.

Tengo edad para ser perfectamente la madre de Fernando. Sin embargo, la lectura de Magia Para Torpes me ha transportado a los amores de su generación, la de los treinta, años en los que nos planteamos con total seriedad adónde dirigir nuestros pasos sentimentales, que luego deseamos madurar en la década de los cuarenta y rentabilizar en los cincuenta.

El caso es que con la lectura del libro he disfrutado más de lo que tenía previsto. Aunque suponía que contenía una historia desenfadada y alegre, acorde con el estilo del autor, la frescura de sus textos y de las reflexiones del protagonista a lo largo de sus capítulos me han hecho sentir y participar -más que evocar- de los tesoros y carencia del amor joven pero sobradamente consciente, o tal vez del amor de siempre, porque éste nunca pasa de moda: me refiero al que insiste y exige el libro de reclamaciones en sus vivencias cotidianas.

Magia para Torpes plantea la búsqueda del sonido de esos violines que nos acompañan en el enamoramiento brillante y salvaje, y del que no todos participamos con igual velocidad, intensidad y cadencia. La chispa permanente en la pareja es el objeto más claro del mejor deseo. Y claro, los torpes a veces lo olvidan.

Fernando Fedriani, con un lenguaje sencillo, cercano, joven y sin desperdicios nos acerca a un mundo por explorar sobre cualquier amor, el que monopoliza nuestro estar de cada día.

Aconsejo el libro para contagiarnos de la alegría que da el amor, que en pleno auge prescinde de todo lo demás que ocurre a nuestro lado. Con él, me he quitado unos pocos o muchos años de encima.

¡Bien por Fernando Fedriani, que seguro que pronto nos regalará más literatura!