No todos los días puede una estar inventando o copiando recetas. La cocina casera tiene mucho de rutinario y de urgencia horaria, porque la comida debe estar lista a su tiempo y en la mesa. A veces se trata solo de probar añadiendo o quitando al plato tradicional algún ingrediente nuevo, que tal vez así gane en intensidad o en suavidad para los probadores oficiales de la familia. Y a veces es suficiente con cambiar la presentación, o deconstruir, como se dice ahora. Aquí van dos pequeñas sugerencias a dos platos de toda la vida, pero que con mínimas variaciones ganaron mucho.

Garbanzos y espinacas. Tenía los garbanzos ya cocidos (en casa, por supuesto) y también hervidas las espinacas por separado. Así que salteé cada cosa por su lado. Los garbanzos con ajitos muy picados y aceite y a las espinacas solo le añadí un poco de buen aceite y sal. Luego emplaté poniendo abajo las espinacas y encima los garbanzos. Estaba buenísimo por supuesto. Estos garbanzos se prestan a llevar especias más exóticas e intensas, pero en ese momento no se me ocurrió.

Ensaladilla de gambas.- Como siempre, cocí las gambitas con agua y abundante sal. Las saqué y reservé y comencé a pelarlas. Aparte, en la misma agua, puse las patatas troceadas para hervirlas junto a unos tallitos de apio troceados. Una vez listas, mezclé gambas y patatas. Entonces aliñé con poca sal, poco vinagre y poco aceite de oliva virgen extra, moví un poco, y a continuación del aliño, añadí la mayonesa. La ensaladilla quedó muy rica.