Tras fotografiar todo lo que pudimos del cielo en el Festival Aéreo del domingo 12 de septiembre, me entró la prisa por publicar las fotos de las acrobacias aeronáuticas. Parecía que trabajaba para una agencia mayorista de noticias de ésas, en la que todo el mundo está estresado, en lugar de escribir en un blog de cocina familiar y de andar por casa…, y ¿qué pasó? pues que se me olvidó la parte espiritual del evento, lo sustancial, es decir, la oferta gastronómica de la que disfrutamos durante la exhibición de aviones y helicópteros.

Y lo que se preparó fue de categoría: una ensaladilla en forma de girasol, unas verduritas en escabeche (descubrimiento), unos pinchitos riquísimos, una empanada con bastante “fundamento” y sabor, y un esponjoso bizcocho de malibú. Da gloria estar entre gente que sabe cocinar….

¡Ah! Y se me olvidaba: experimenté también la técnica del “balconing” gastronómico, que no es el que practican los descerebrados niñatos de Palma de Mallorca en los hoteles, sino el traspaso proactivo (como se dice ahora) de viandas de un balcón al de al lado, con parsimonia, admiración y buen rollo, como ocurrió con un plato de aromáticos choquitos fritos (¡mmmm!) que nos llegó de la entrañable vecina del piso colindante. La donación fue correspondida con empanada y bizcocho desde nuestra terraza. Este “balconing” de ida y vuelta debería promocionarse desde las instituciones, y estoy segura de que así en las comunidades de vecinos habría menos conflictos.

Con este olvido está claro que he sido una bloguera materialista e ingrata. Pido disculpas a mis compis gastronómicos, que pusieron tanto trabajo y eficacia en la elaboración y presentación de platos realmente deliciosos, y que no llegué a postear sobre la marcha . Dónde dije aviones digo pinchitos y lo demás.