Éste es el título del libro de poemas con el que mi amigo Juan José Téllez ha sido merecedor del XXIV Premio de Poesía de Unicaja y que recogió la semana pasada en Cádiz. Natural de Algeciras, dónde nació en 1958, Téllez es periodista, poeta, novelista, ensayista y gran flamencólogo; colabora activamente en los medios radiofónicos, televisivos y en la prensa escrita. Creo que es de los mayores conocedores en España del fenómeno de la inmigración.
Téllez ha declarado que su libro premiado “es una parábola del mundo contemporáneo, del hecho de que desde finales del siglo XX y principios del XXI se están liquidando por fardos las últimas utopías”. Más de 200 obras han optado a este prestigioso premio literario, procedentes de toda España, Sudamérica e Italia.
Tengo en mi pequeña biblioteca algunas novelas de Téllez como “Moros en la Costa” de 2001, (prologado por José Saramago) sobre el drama de las pateras, ‘Main Street’, 2001 (prólogo de Rosa Regas), sobre la cuestión del peñón, ‘Gibraltar en el tiempo de los espías’ (2005) y editado por la Fundación Lara, y ‘Teoría y Praxis del Gadita’ (2008). Casi todos los tengo con su firma.
Al recoger su galardón, Téllez hizo varias dedicatorias; entre ellas, a la familia Barrios, la mía. Y es que Juan José Téllez –hijo único- era y es gran amigo de mis hermanos y mío; con nosotros vivió la transición política, escribió para sus primeras revistas contraculturales y alguna que otra letra para canciones que luego cantó una servidora en aquellos festivales de carteles modestos para principiantes que entonces tenían lugar en Cádiz.
Aún recuerdo las tardes de merienda de leche caliente con galletas en aquella humilde mesa camilla de nuestra casa, con Juan José, en las que discutía de política con mi padre, funcionario, de pensamiento conservador pero que no tuvo objeción alguna en salir a buscar las nuevas corrientes políticas (mi padre era único) que Téllez le adelantaba. Al final, todos acabábamos jugando al Monopoly. Luego venía la tortillita francesa de la cena con el vaso de Coca-Cola, o el simple bocadillo de mortadela.
Juan José Téllez, hoy un conocido escritor y más conocido poeta, sigue siendo nuestro amigo de la segunda adolescencia, testigo de nuestras inquietudes políticas y sociales, pero aún nos sigue conquistando cada vez que leemos o recitamos sus poemas. Es como si no hubiese pasado el tiempo, y nuestras conversaciones y discusiones aún no hubieran terminado del todo en el salón de la mesita camilla. Juan José animó nuestras tertulias caseras, acompañándonos en la observación y análisis de noticias recién estrenadas sobre elecciones, huelgas, conferencias, mítines, encierros, legalizaciones de partidos, nuevos planteamientos, nuevas aperturas, pancartas, nuevas siglas y en suma, las grandes ilusiones y retos de un pueblo que empezaba en aquellos años setenta a hablar después de mucho de tenerlo prohibido. Con él aprendimos a votar.
Aquí va un fragmento de la poesía que da título a su libro premiado, “Las Grandes Superficies”, su propia interpretación de un nuevo estilo de vida, de compra y de filosofía, no siempre positivo, porque sin duda ha significado la pérdida de muchos valores ganados a fuerza de sacrificios. ¡Enhorabuena por otro premio merecido!
Allí donde pastaban antaño los centauros
Y una selva virgen hablaba al horizonte
Se levantan ahora escaparates y precios
Las hileras de víveres bajos en calorías.
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Vino pues a domarnos la gente de orden,
A ceñirnos la brida de un empleo honrado
Y enseñarnos el rumbo de las compras a plazos,
De las ideas baratas y las horas extraordinarias,
Mientras el alma se llenaba de grandes superficies.