El pasado sábado 5 de julio, el patio del gaditano Castillo de Santa Catalina volvió a llenarse con el concierto de apertura del verano, nuevamente a cargo de nuestra querida Sonora Big Band. En esta ocasión, interpretaron uno de los dos repertorios preparados para el verano, bajo el nombre Big Band Estandard, o sea, la Sonora en estado puro.

Teníamos las entradas reservadas. Pero la hora del concierto nos obliga a tapear a marchas forzadas, y entramos en el “Quilla”, quiosco recién instalado frente a La Caleta, polémico a causa de su discutible ubicación. El sábado estaba a tope, con invitados de una boda, incluyendo novios, velo largo y cola del vestido de la novia, ya que la playa caletera había sido para ellos estudio fotográfico, para variar. Estrés inevitable en el personal del bar, pues también estaban en él los asistentes del concierto de la Big Band.

Larga y relajada cola para entrar al castillo; el olor a mar auténtico y a vieja piedra ostionera del rey Felipe II no tiene precio, y el atardecer llega elegantemente, consiguiendo tranquilizarnos a todos. El glamour veraniego gaditano (distinto a todos) nos envuelve. El perfil de los seguidores de la Sonora es como mínimo de cuarenta, pero lo llevamos muy requetebién. Nos sentamos ya en las butacas de plástico y aluminio sobre la cuidada hierba del patio de Santa Catalina. La fachada de la iglesia (Real Capilla es su título) refuerza con su luz el protagonismo del escenario para los artistas. Pepe Guillamó, su director, presenta el concierto. Estos hombres ponen el vello de punta con solo comenzar con sus acordes. He decidido adoptar esta música, porque resume muchas décadas nuestras y ajenas, pero ya es eterna y sobre todo optimista. La Sonora es la leche.


Hora y media de concierto, consigue hacernos olvidar todo lo superfluo; tengo al lado a mi marido, y eso es inolvidable. Noche con poco viento de suroeste, una suerte en Cádiz, pero llevamos la rebequita veraniega. De la barra traemos unas Cruzcampo fresquitas en vasos de plástico, riquísimas, y unas patatas fritas artesanas, que saben a gloria. A pocos metros, los ciudadanos caleteros autóctonos están disfrutando de la noche en su club; los turistas y veraneantes apuran las papas aliñás y la ración del frito variado. Del mar no te sirven ración, tienes que sentirlo entero.

Y la Sonora nos hizo modernos, románticos y felices durante más de hora y media de una música natural y sin afectación, pero con un loco encanto. En esta ocasión echamos de menos a O’Ferral, el cantante presentador de los conciertos de la Sonora, y a Rosa María Candón, que pone el toque exquisito con su preciosa voz. El próximo 28 de agosto, un nuevo concierto de esta formación musical, junto a su homóloga de Granada, mostrará un motivo más de orgullo para Cádiz: tener una orquesta como la Sonora Big Band.