Durante años, al salir del trabajo cada mediodía, comprábamos el pan diario en un obrador que nos venía de camino a casa. Durante años, el panadero nos servía la pieza en una bolsita de plástico blanca pequeña. Pero muy pronto adoptamos la costumbre de llevar una talega de tela, pequeña, que yo llevaba doblada en el bolso, sacada de los cajones de recuerdos familiares. Calculamos que con esa medida tan clásica habríamos ahorrado alrededor de 500 bolsas de plástico, y además, el pan iba mucho más cuidado.
Pasa el tiempo, y sigo viendo panaderías y fruterías vendiendo sus productos envasados en pequeñas bolsas de papel –a veces- y otras usando las de plástico con publicidad del comercio. Está claro que lo de las talegas “familiares o modernas” no ha cuajado en la población. Con lo importante que es el pan.
Por otro lado, yo ya tenía más que convencido a mi frutero de Sevilla de que no debía servirme las piezas en plástico. Pues ahora me toca hacer lo mismo con la nueva frutería en la que compro durante las vacaciones. Y visto lo visto, me sigue costando trabajo. Tengo que estar pendiente de cada pesada, ofreciéndole mis bolsas de tela que viven en el bolsillo de mi carrito de la compra.
Total, que incluso así en un par de días he rellenado este recipiente especial para guardar los plásticos, evitando que estén por medio. Supongo que serán compostables, tal como indica la ley.
Son varias las leyes dedicadas a disminuir el consumo de estas bolsas de plástico, obligando a cobrarlas en el punto de venta, con la excepción de artículos de alimentación vendidos a granel. Con lo bueno que es el papel de estraza…y el mejor para conservar. En fin, que veo que el tema del plástico nos sigue acompañando en nuestra vida de consumo. Por mucho que se hable de reducir el consumo de bolsas de plástico, por el impacto ambiental especialmente en ecosistemas acuáticos…
Tengo dos carros de compra, en cuyos bolsillos guardo media docena de bolsas de tela, procedentes de regalos, organismos oficiales o turísticos. Las uso en cada compra de alimentos –dos o tres veces por semana-, las lavo en lavadora, las tiendo, seco e incluso las plancho. Todas ellas tienen bastantes años y están como nuevas. Pero son un gran negocio para los fabricantes, pues se venden por todos sitios.
Se trata de disminuir bolsas de plástico, que llenan nuestras cocinas, que entorpecen nuestros espacios y que hay que reducir o eliminar por el bien de todos.
No hablo de las bolsas de las tiendas de textiles, normalmente de papel o cartón, que ésas son fácilmente reciclables. Yo les doy varios usos.
No más bolsas de plástico, cuanto menos, mejor. Aportemos otras alternativas.









