Finalizó el curso lectivo en las Escuelas de Hostelería de Andalucía, y en concreto en las de Cádiz, con actos que resumen la marcha del calendario escolar: calificaciones mejores o peores, destinos de prácticas, traslados de profesorado, descanso estival, nuevas líneas de enseñanza, etc., que abren un paréntesis laboral hasta el próximo mes de septiembre.  

Catorce son los centros –públicos, sin perjuicio de otros centros privados que no hemos incluido- distribuidos en la provincia de Cádiz, que ofertan formación en hostelería, un sector que cada vez más demanda capacitación y profesionalización por su importancia en la actividad económica y en el turismo especialmente.

Escuela de Hostelería de Cádiz (SAE), Escuela de Hostelería de Jerez, Institución Provincial Fernando Quiñones, Cádiz (Diputación), IES Torre del Tajo en Barbate, IES Alminares en Arcos de la Fra., IES San Roque de San Roque, IES Arroyo Hondo de Rota; IES El Picacho de Sanlúcar de Barrameda, Centro Docente José Cabrera de Trebujena, IES La Atalaya de Conil; IES Salmedina de Chipiona; IES Pintor Juan Lara de El Pto. de Sta. María; e IES Lola Flores, Jerez.

Hablamos de catorce centros de enseñanza entre escuelas de hostelería autónomas y un conjunto de institutos de enseñanza secundaria, que ofertan distintos módulos de cocina, pastelería, sala o gestión. Todo ello para atender a un alumnado en su mayoría joven, proveniente de toda la provincia de Cádiz, y que, tras finalizar sus estudios y prácticas en hoteles y restaurantes encuentran empleo fácilmente en el mercado laboral.

Por otro lado, recordar que la fuerte dependencia de la Administración por parte de los centros públicos, ha provocado que cualquier cambio de competencias o adscripción haya afectado a su normal funcionamiento. Como ocurrió en 2013 con algunas escuelas andaluzas (entre ellas una de Cádiz), por un traslado de competencias con la autoridad autonómica, conflicto que duró dos años, puso en serio peligro la continuidad de estos centros y menoscabó el potencial docente y funcional de los mismos.  

Actualmente todas nuestras escuelas de hostelería tienen sus aulas repletas de alumnos. Nos consta la implicación del personal docente en su trabajo por lograr la mejor preparación de los futuros profesionales en cocina, sala o gestión.

Formación dual, itinerante, prácticas y evaluación en empresas, distintos perfiles de alumnos (jóvenes o demandantes de empleo), comedores abiertos al público, etc., constituyen un ejemplo de buen hacer en la docencia para la capacitación profesional.  

Escuelas como la de Hostelería de Cádiz o el I.P. Quiñones, organizan interesantes jornadas y eventos con sus propios medios, cuyos contenidos sirven como formación complementaria a sus alumnos, junto a profesionales emprendedores y comunicadores de la gastronomía. También los alumnos colaboran dando servicio a otros actos con participación de la gastronomía.

Y es importante señalar además la labor de inserción laboral y social con alumnos con discapacidades, o de edad madura que deciden reorientar su vida al trabajo de hostelería, cocina incluida, sin olvidar la disponibilidad de becas de estudio para jóvenes con dificultades económicas, y en un ambiente diverso en orígenes, reflejo de la propia sociedad.

Y como tema pendiente, la corta edad del alumno al comienzo de la formación, que puede suponer falta de madurez para afrontar el inicio de su vida laboral, incidiendo en su motivación.

Nuestra admiración por el gran trabajo del profesorado de las Escuelas de Hostelería, para formar a nuevas generaciones de cocineros, camareros, jefes de sala o gerentes de hotel, destinados a un sector complejo y en constante transformación.

Dedicado a nuestros buenos amigos, profesores de las Escuelas de Hostelería: Juan Ramón González Higuero, Mercedes López, Carlos Goicoechea, Antonio Orozco, Juan M. Toro, Manuel Pérez Alcalá, Mili Pinzolas, Lole Hedrera y tantos otros.