La página Eroski Consumer dedica un artículo a este tema, el de las debilidades alimentarias, sobre el que indica que no se le suele prestar demasiada atención. Se refiere a los pequeños errores alimentarios, en los que todos caemos de modo más o menos consciente, y que a la larga nos traen problemas de salud.

Se trata de pequeñas equivocaciones en la alimentación, al margen de los “errores más graves y frecuentes”, como son el consumo de azúcar, sal, grasas saturadas y trans.

De momento, ofrece esta primera clasificación para las llamadas debilidades alimentarias:

Los precocinados por costumbre: por rapidez y comodidad. Es una rutina que se instala en nuestra alimentación, pero que es tan fácil quitar como cocinando nuestra comida, porque además ganaríamos calidad nutricional siempre. Productos como hamburguesas, croquetas, empanadillas, lasañas, canelones y pizzas procesados, no dejan de ser productos mediocres. Nada como el alimento cocinado en casa.

Abuso del café: en el desayuno, media mañana y tras las comidas. Comenta Eroski que este exceso de cafeína mantiene un estado de estrés permanente y nerviosismo. Por lo que sugiere otras bebidas que aportan el mismo beneficio sin contener cafeína. Personalmente creo que los cafés industriales (que suelen venir molidos) llevan otros componentes a modo de aditivos, que son poco beneficiosos. Yo con el tiempo he reducido drásticamente la cantidad de café diario: solo en el desayuno y si quisiera tomarlo a media mañana, sería leche manchada. La verdad es que el té es una buena alternativa al café. Pero curiosamente, hay expertos en nutrición que hablan de las muchas bondades del café (en dosis sensatas).

El picoteo constante: se refiere a aquellos productos para la media mañana o la merienda, que aparentemente son sanos (porque se venden como tales), pero que en realidad llevan exceso de sal y azúcar, y mala calidad en sus grasas (galletas, tortitas de cereales, picos de pan, etc.). Aquí habrá que seleccionar mejor estos productos. Propone alimentos como frutas, yogures sin azúcar, algunas verduras crudas, o frutos secos con limitaciones…

Embutidos de guardia: chorizo, salchichón, fuet, etc., con abundancia de grasa, colesterol, sal y aditivos, por lo que se recomienda su consumo ocasional y escaso. Igual ocurre con los productos de charcutería, de los que se abusa en los bocadillos. Tampoco salen bien parados los embutidos cocidos (jamón o pavo), pues aportan demasiada sal. Aquí se proponen las conservas de pescado (sardinas, anchoas, atún o bonito), un puñado de frutos secos o de frutas desecadas, patés vegetales o el tofu.

Y aunque no es un factor de alimentación, Eroski cita como debilidad el sedentarismo o el ocio sedentario, causa de sobrepeso, obesidad y de muchas enfermedades relacionadas con el sistema cardiovascular.