Uno de los mejores regalos de cumpleaños que he recibido, porque lo encargamos en el pasado agosto. Durante muchos años estuve imaginando este cambio en la cocina sin decir nada, por no estar segura de si quedaría bien. Con poco espacio, nunca acababa de organizar los cacharros, y, lo que es peor, los chismes de toda condición que se acumulaban en cajones, muebles y también colgados en las paredes de la cocina. Y es que cada cosa debe tener su sitio.

EL PROBLEMA: un horno que ya se había hecho viejo el pobre, que un día dejó de funcionar y que además compartía los mandos con la vitrocerámica situada sobre él.

LA PROPUESTA: quitar el horno averiado y por consiguiente la vitrocerámica, sustituyéndola por una placa de inducción. Y en el hueco del horno, instalar un mueble de tres cajones, dos de ellos cazoleteros.

EL HORNO: fusionado en la figura de un horno convencional y a la vez microondas.

BAJAS COLATERALES: han sido por un lado el horno anterior, llevado a un punto limpio, y en segundo lugar el microondas, que hemos donado a mi amigo.

Con esta operación “inmobiliaria», hemos modernizado nuestros fogones y conseguido una cocina más funcional y aprovechada. El nuevo horno es mucho más eficaz, sobre todo en la cocción al vapor de verduras. Y, por último, al pasarnos a la placa de inducción hemos comprobado cómo se acortan los tiempos de cocinado.

Pero sobre todo, en el nuevo mueble de cajones hecho a medida para el espacio dejado por el horno, se han colocado sartenes, coladores, paellas y, en el cajón de arriba, cuchillos, abrelatas, tijeras, tapones, y no sé cuántas pamplinas más que todos acumulamos en nuestras cocinas.

Además, en la compra del horno y de la placa de inducción nos hemos beneficiado de alguna rebaja de precios propios de agosto.

Lo dicho, uno de los mejores regalos de cumpleaños.