Ayer falleció D. Juan Robles a los 85 años, a quien tuve la suerte de conocer personalmente, por mi incorporación a la Academia del Gazpacho Andaluz, de la que él fue su primer presidente y en actualidad presidente honorífico. Fue un hostelero de Sevilla, exitoso, sencillo y generoso.

Tuve oportunidad de hablar con él en varias ocasiones, en las que me contó su vida: cómo se hizo hostelero, desde sus comienzos en la bodega y taberna que regentaba su padre en su localidad natal, Villalba del Alcor, en Huelva, donde empezó con muy pocos años.

Me decía que había aprendido su oficio «a cosquis» de su padre cuando se equivocaba. Y que ahora sus hijos y nietos estaban recibiendo estudios y formación, incluso en el extranjero. Que la vida había dado muchas vueltas. 

En una ocasión, estábamos tapeando en uno de sus establecimientos mi marido y yo, cuando apareció él, y sabiendo mi afición por probar todos los platos, no se le ocurrió más que avisar a su casa (vivía enfrente) para que nos acercaran el plato de bacalao que ese día había preparado su esposa para el almuerzo. Algo así no me había pasado nunca.

Tengo también otra anécdota, cuando quedamos con él una mañana para reunirnos en una de sus cafeterías  (a punto de abrir pero cerrada todavía), y en ese momento llegaron tres turistas con la intención de tomarse un café. El camarero les despidió aludiendo que aún estaban cerrados.  Robles se dio cuenta, se levantó, llamó a los turistas, les preparó la mesa personalmente y les dispuso las sillas. Él era el propietario de todo aquello, y sin bronquear a sus empleados, comentó que por cinco minutos no se pueden dejar marchar a los clientes. Me quedé admirada viéndole mover mesas como un chaval, a sus ochenta y tantos años.

Todas las mañanas –madrugaba bastante- recorría sus establecimientos para comprobar que todo iba bien, aunque su hijo era el actual gerente. Y la semana pasada nos paramos con él en la calle Sierpes para saludarnos y cambiar impresiones, dónde lo noté bastante preocupado con la situación actual de la hostelería (Ertes, cierres, restricciones…), algo que decía no haber conocido nunca antes.

Juan Robles fue un hostelero de duro trabajo, pero también de éxito, respeto y admiración por parte de sus colegas. Por su sencillez y generosidad, me alegro mucho de haberlo conocido. La hostelería de Sevilla hoy está de luto.